Presente en buena parte de los hogares argentinos, el mate se prepara con hojas de Ilex paraguariensis, un árbol originario de América del Sur. Su tradición, de raíz guaraní y prehispánica, también forma parte de la cultura de Brasil, Paraguay y Uruguay
La técnica detrás de una buena cebadura
El recipiente tradicional es una calabaza curada y seca, aunque también pueden utilizarse piezas de madera, acero inoxidable, chapa enlozada, cuerno o plata. La yerba debe ocupar cerca de siete décimas partes del mate
Después de cubrir la boca del recipiente, se lo agita para distribuir el polvo, las hojas y los palos. El agua debe estar caliente, pero nunca hirviendo: lo ideal es que comience a formar pequeñas burbujas. La bombilla se coloca de una sola vez, con la punta protegida por un dedo, y luego no debería moverse
El mate se toma lentamente. Su duración y sus aromas dependen de la yerba elegida, la cantidad de personas y la destreza de quien ceba. La espuma suele ser señal de una buena preparación; en cambio, cuando la infusión queda aguada, la yerba ya perdió fuerza y conviene cambiarla
Un ritual compartido
La calabaza no debería enfriarse, porque luego le cuesta recuperar la temperatura y la cebadura cambia. En una ronda, el primer mate suele tomarlo quien ceba, ya que concentra el polvo y la aspereza iniciales
El ritual puede evocar otras costumbres pausadas, como la preparación de una pipa, aunque existe una diferencia decisiva: el mate se comparte. Esa dimensión colectiva explica buena parte de su valor social
Durante largas guardias en la Armada, en 1983, el mate servía para acompañar las noches y, en ocasiones, se le agregaba café para prolongar su efecto. Cuando la yerba quedaba completamente lavada y algunos palos flotaban en el agua, un suboficial reclamaba el cambio con una comparación humorística con la flota inglesa en navegación
Sabores para todos los gustos
Hay yerbas ahumadas, aromatizadas, mezcladas con hierbas, con palo, sin palo, más molidas o de hojas grandes. La elección depende de cada persona, como ocurre con el vino: la mejor es la que más le gusta a quien la toma
El mate criollo se consume caliente. En algunas zonas mesopotámicas también se prepara tereré, una versión fría o con agua natural que pertenece a otra tradición. El mate cocido, por su parte, conserva el lugar de bebida sencilla y popular
La infusión también despertó miradas contrapuestas. Algunos extranjeros la asociaron inicialmente con un té suave, un aroma similar al pasto quemado o una práctica poco higiénica; otros terminaron incorporándola
A lo largo de la historia, además, fue considerada afrodisíaca, prohibida en las reducciones guaraníticas y confundida con una droga fuera de la región. En ciertos trabajos incluso fue cuestionada como una costumbre vinculada con la vagancia
Los códigos de la ronda
En una mateada, decir “gracias” suele indicar que esa persona no quiere recibir más. Invitar a compartir unos mates expresa amistad, mientras que el mate cimarrón, amargo y sin azúcar, es una de las formas más tradicionales de beberlo
Un antiguo repertorio atribuía significados a distintas cebaduras: el mate dulce representaba amistad; el muy dulce, una intención de compromiso familiar; la canela, pensamientos afectuosos; el azúcar quemada, simpatía; la leche, estima; y el café, una ofensa perdonada
También se decía que un mate muy caliente expresaba un amor intenso; uno frío, indiferencia; el espumoso, un afecto formal; y el lavado, el deseo de que la ronda terminara o continuara en otro lugar. Parte de ese lenguaje social se fue perdiendo, aunque muchas de sus señales todavía sobreviven en las reuniones
Desde una pava ennegrecida por el hollín hasta un termo moderno, los objetos pueden cambiar, pero el sentido permanece: quien comparte mate ofrece tiempo, conversación y compañía. Como afirma el refrán criollo, “quien toma mate, vuelve”
La yerba mate también aparece como escenario central de El prisionero del yerbatal, la última novela publicada por Federico Andahazi, una obra que reúne información vinculada con esta tradición