La producción lechera de Estados Unidos aumentó su escala durante las últimas tres décadas. Entre 1995 y 2025, el rodeo se mantuvo cerca de los 9,5 millones de vacas, pero la producción individual creció casi un 50%: pasó de unos 20 a más de 29 litros diarios en promedio

Como resultado, el país produce alrededor de 102.000 millones de litros de leche por año, frente a los 68.000 millones de hace 30 años. La expansión se produjo junto con una reducción en la cantidad de tambos y una mayor concentración de la actividad

Las empresas que permanecieron son más grandes, incorporaron especialistas y avanzaron hacia modelos de integración vertical. Algunas ya no se limitan a entregar leche a la industria, sino que participan en la elaboración y comercialización de productos con mayor valor agregado

Una planta lechera de gran escala

Fair Oaks Farms, ubicada entre Chicago e Indianápolis, alberga unas 20.000 vacas Holando. Allí, el estiércol no se acumula simplemente en lagunas: se procesa para obtener energía, fertilizantes y agua

Las vacas permanecen en galpones free stall, con cama de estiércol seco, y son ordeñadas tres veces al día. El material producido se transporta por un sistema de cañerías cuya extensión máxima alcanza casi cinco kilómetros, hasta llegar a un biodigestor

En ese proceso se genera biogás. Inicialmente, se utilizaba para producir electricidad destinada a la red local. Luego de la finalización del contrato, el sistema fue adaptado para producir GNC destinado a camiones

Actualmente, la explotación puede optar entre generar electricidad, gas renovable o combustible, según la alternativa que ofrezca mejores márgenes

Del efluente al fertilizante

El efluente que sale del biodigestor atraviesa distintas etapas de separación. Primero se recupera la fibra larga, que se seca y vuelve a utilizarse como cama en los galpones

El resto ingresa a una planta Varcor, desarrollada por Sedron Technologies, que utiliza un sistema de recompresión mecánica de vapor. El método es similar al empleado en algunas plantas de leche en polvo: evapora el líquido y separa sus componentes

El proceso permite obtener tres productos principales: un fertilizante orgánico sólido, sin olor ni semillas de malezas; nitrato de amonio líquido al 10%; y agua, que puede destinarse al riego o a los bebederos

Una alternativa para el manejo agrícola

El efluente de un tambo estabulado contiene cerca de un 4% de materia seca. Por eso, gran parte de lo que se transporta y almacena es agua. En los sistemas tradicionales, el material permanece durante meses en lagunas y luego se distribuye mediante cisternas pesadas

Ese esquema puede provocar pérdidas de nitrógeno en forma de amoníaco, compactación del suelo y dificultades para ingresar a los lotes cuando están húmedos. Además, las normas ambientales exigen inyectar o incorporar el efluente mediante labranza

Con la tecnología aplicada en Fair Oaks, los nutrientes pueden distribuirse cuando el cultivo los necesita, en lugar de aplicarse únicamente para vaciar las lagunas. El nitrato de amonio se utiliza como un fertilizante líquido convencional, mediante la sembradora o por chorreado, sin necesidad de incorporarlo

La eliminación del tránsito de cisternas reduce una de las principales causas de compactación en los potreros y abre una posibilidad para avanzar con la siembra directa. El sistema agrícola de la explotación se concentra en el maíz para silo, que representa aproximadamente el 55% del costo del tambo

Menos emisiones y nuevos ingresos

El tratamiento también reduce los olores, las emisiones de metano y amoníaco, y el riesgo de filtraciones. Estos aspectos resultan centrales para mejorar la convivencia entre los tambos de gran escala y las comunidades cercanas

Además, los fertilizantes de origen orgánico pueden comercializarse en distintos puntos del país, con precios diferenciales para cultivos intensivos y de alto valor

Un modelo basado en la prestación del servicio

El costo de la tecnología hace que el modelo de negocios sea determinante. El tambo no compra la planta: Sedron la financia, la construye y la opera

La empresa obtiene ingresos mediante una tarifa por el tratamiento del estiércol y a través de la venta de los biofertilizantes. De esta manera, el productor evita inmovilizar capital y deja de ocuparse directamente del manejo del purín

En Estados Unidos, la escala mínima para implementar actualmente este sistema ronda las 4.000 vacas. Por ese motivo, se trata principalmente de una solución destinada a los megatambos

Una experiencia con posibles aplicaciones locales

La situación argentina es diferente. La siembra directa está ampliamente extendida en la agricultura, mientras que el manejo de los purines todavía presenta importantes desafíos

Aunque los tambos locales se encuentran lejos de la escala de Fair Oaks, algunos principios podrían trasladarse: separar los sólidos antes de mover el efluente y aplicar los nutrientes de acuerdo con las necesidades del cultivo

En Fair Oaks, el estiércol dejó de ser solamente un costo y un pasivo ambiental. Se transformó en energía, material para las camas, fertilizantes y agua

Ese enfoque refleja la estrategia de Mike McCloskey, impulsor de la explotación y de otros proyectos vinculados con la producción lechera. Su criterio para incorporar innovaciones es que deben reducir costos, mejorar la eficiencia o disminuir las necesidades de capital

Desde esa perspectiva, la sustentabilidad se vuelve viable cuando también mejora la rentabilidad del negocio