Durante su doctorado, el científico Christian Poensgen intentó medir la relación entre estrés y rendimiento. Sin embargo, sus sensores no podían distinguir entre una persona estresada y otra entusiasmada: ambas mostraban un pulso acelerado y cambios similares en la piel
Para entender qué ocurría, tuvo que dejar de observar únicamente las señales físicas y empezar a preguntarles a los participantes cómo se sentían
Poensgen, que actualmente trabaja como coach ejecutivo, sostiene junto con Eric Partaker que el cuerpo emite una señal y que las personas le asignan un significado. Esa interpretación puede influir en sus consecuencias
Un estudio que siguió durante ocho años a unos 30.000 adultos detectó que los niveles elevados de estrés aumentaban un 43% el riesgo de muerte, pero solo entre quienes consideraban que el estrés era perjudicial. Quienes atravesaban mucha presión sin interpretarla de ese modo registraron la mortalidad más baja del grupo
La interpretación también forma parte de la respuesta
La propuesta no consiste en idealizar el estrés ni en buscar más presión. El objetivo es modificar la relación con una respuesta que, en muchos casos, resulta inevitable
David Yeager denominó “mentalidad sinérgica” a la combinación de dos ideas que deben funcionar juntas. La primera consiste en resignificar la respuesta del cuerpo
Un corazón que late con fuerza antes de una presentación no necesariamente indica que algo está fallando. También puede significar que el organismo se prepara para actuar, aumentando el oxígeno y el nivel de alerta
Durante la crisis financiera de 2008, algunos gerentes de UBS que entendían el estrés como un potenciador informaron menos dolores de cabeza y fatiga, además de una mayor satisfacción con su vida. En ellos, el cortisol aumentaba, cumplía su función y descendía rápidamente, un proceso que ayuda a evitar que el estrés agudo se vuelva crónico
Convertir los obstáculos en entrenamiento
La segunda idea es resignificar el desafío. Desde la perspectiva de la mentalidad de crecimiento desarrollada por Carol Dweck, un problema puede dejar de ser un examen público y convertirse en una instancia de entrenamiento
En lugar de interpretar un obstáculo como una señal para detenerse, la persona puede asumir que debe adaptarse. Esa mirada refuerza la sensación de agencia y permite tomar un papel más activo frente a la dificultad
Escribir y elegir los desafíos
Poensgen también propone escribir una carta. La consigna es explicar, con palabras propias y como si se le hablara a un amigo, de qué manera el estrés puede resultar útil. Aunque el ejercicio parece sencillo, lo considera una de las herramientas más efectivas
El último paso es establecer hasta tres “metas de estrés”: desafíos difíciles y significativos que orienten la tensión hacia un objetivo concreto
En su caso, esas metas fueron terminar un libro, completar 20 repeticiones de press de banca con su propio peso y terminar la jornada a horario para dedicar tres horas diarias a su esposa y sus hijos
La clave no es romantizar el estrés ni salir a buscarlo. Se trata de dejar de luchar contra una señal que probablemente aparezca y decidir, en la medida de lo posible, qué significado darle