En Estados Unidos y otros países, grupos delictivos están usando inteligencia artificial para inscribir alumnos que no existen o cuya identidad fue adulterada, mantenerlos activos el tiempo suficiente y cobrar becas y préstamos educativos. El esquema mezcla datos robados, documentos fabricados y automatización para simular una trayectoria académica real mientras el dinero termina en manos de los estafadores
Una identidad falsa que entra al sistema
La maniobra suele arrancar con nombres, fechas de nacimiento y números de Seguro Social obtenidos por filtraciones, robos o mercados clandestinos. Con esa base, la IA ayuda a sumar fotografías, domicilios e identificaciones inventadas para pasar controles de admisión y ayuda federal
Una vez dentro, la identidad falsa presenta la solicitud de ayuda estudiantil, se inscribe en una universidad de admisión abierta y accede a fondos que pueden cubrir colegiatura y también gastos de vivienda, transporte, comida y libros. Para que el reembolso se libere por completo, la inscripción debe sostenerse durante buena parte del periodo académico
Chatbots para sostener la farsa
Los delincuentes ya no dependen solo de formularios adulterados. Usan chatbots para responder correos, entregar tareas iniciales, publicar mensajes y generar trabajos distintos para cada cuenta, con el objetivo de que el supuesto alumno parezca activo durante semanas
Esa automatización también complica la detección: profesores y administradores deben revisar caso por caso a quienes aparecen en sus listas, con el riesgo de confundir a un fraude con un estudiante real
California, el caso más grande
California se convirtió en el ejemplo más visible. Durante 2024 recibió cerca de 1.2 millones de solicitudes fraudulentas, confirmó aproximadamente 223.000 inscripciones falsas y registró al menos 11.1 millones de dólares irrecuperables en pérdidas. El 31,4% de las solicitudes procesadas por el sistema fue clasificado como fraudulento, aunque esa cifra incluye bots, identidades robadas y operaciones humanas
Entre enero y marzo de 2025, los llamados estudiantes fantasma cobraron casi 5.6 millones de dólares federales y más de 900.000 dólares estatales. Después de reforzar los controles, las pérdidas bajaron en la primavera a unos 1.5 millones y 330.000 dólares, respectivamente
En ese contexto, el Santiago Canyon College eliminó alrededor de 10.000 cuentas falsas y liberó espacio para unos 8.000 estudiantes reales. En otras instituciones, se cerraron listas de espera o se cancelaron grupos ocupados por identidades inexistentes
Víctimas reales y daños colaterales
La estafa también deja consecuencias directas para personas cuyo nombre fue usado sin permiso. Wayne Chaw descubrió que habían inscrito su identidad en De Anza Community College y que, además, se había cobrado una beca de 1.395 dólares. La clase exigía una actividad inicial para comprobar que el alumno era real, y alguien la presentó bajo su nombre
En otros casos, las víctimas descubren préstamos, expedientes académicos y restricciones de elegibilidad que nunca solicitaron. También hay menores cuyos datos pueden ser usados sin que detecten el fraude hasta años después, cuando intentan pedir su propia ayuda educativa
El dinero sale del aula y entra al circuito financiero
Una vez que se acredita el reembolso, el dinero se mueve por cuentas de corta duración, dispositivos compartidos, mulas financieras, empresas fachada, transferencias internacionales y activos digitales. Algunas redes incluso crean compañías en Estados Unidos, compran criptomonedas y luego convierten esos fondos en la moneda de su país de origen
Las autoridades estadounidenses incorporaron en abril una verificación de identidad en tiempo real dentro de la FAFSA y estimaron que esa medida podría bloquear pagos fraudulentos por más de mil millones de dólares en el ciclo 2026-2027. La cifra incluye todas las modalidades de fraude, con o sin IA
Un problema que ya cruza fronteras
El Reino Unido detectó miles de solicitudes sospechosas y fallas de supervisión en parte de su sistema de educación superior. En Canadá se investigan casos de aceptación y matrícula fraudulenta, con cargos ya presentados por un esquema de 126.000 dólares. En Francia, una filtración expuso datos de unos 705.000 aspirantes registrados en Parcoursup, la plataforma nacional de preinscripción universitaria
Filipinas también documentó un caso de uso directo de IA: un video generado artificialmente promocionó falsas becas gubernamentales y llevó a los interesados a una página que recolectaba datos personales. La advertencia es la misma en todos los frentes: cuando la tecnología logra abrir cuentas, validar matrículas y recibir depósitos, la víctima queda convertida en un estudiante fantasma