La pandemia terminó de acelerar un cambio que ya venía gestándose en el mercado argentino de la historieta: el manga desplazó al cómic norteamericano y hoy domina las ventas con una relación aproximada de 70% a 30%. Ese corrimiento no solo modificó la oferta editorial, sino también el mapa comercial, con la aparición de locales especializados que buscan sostener el negocio en un contexto de consumo retraído

Las nuevas “manguerías” funcionan como puntos de encuentro para una comunidad amplia, atravesada por el animé, las series largas y la compra escalonada. En promedio, un título tiene unos 20 tomos y se publica de a poco, una dinámica que facilita que el lector compre sin sentir tanto el impacto en el bolsillo

A la vez, las editoriales lanzan entre cinco y diez novedades por semana y un volumen puede rondar los $11.000

Vender manga, sumar comunidad

Una de las claves de este formato es la cercanía con el cliente. En varios casos, los locales comenzaron con una propuesta acotada y fueron creciendo a partir del boca en boca, las reseñas online y la escucha activa de la demanda. Además del manga, muchos incorporaron juegos de mesa, cartas coleccionables, peluches, stickers y otros productos que ayudan a diversificar ingresos cuando la venta de libros baja

Ese camino siguió Viducomics, el emprendimiento de Agustín “Vidu” Vidal, que empezó con dos estanterías en una galería sobre avenida Santa Fe y luego se mudó a un espacio más grande. El local amplió su catálogo a juegos de mesa, peluches y cartas de Pokémon, y reforzó la atención con detalles como bolsitas protectoras para los tomos y pequeños obsequios para los compradores

También hubo expansión fuera de la Ciudad de Buenos Aires. Dojo Manga Store, en Cañuelas, nació después de que sus responsables advirtieran la fila de clientes en otra tienda especializada

El canal online creció rápido y el local terminó consolidándose con un público muy variado, que va desde chicos hasta adultos. En ese caso, la apuesta fue sumar cartas coleccionables y proyectar actividades como un club de lectura y espacios audiovisuales

De la librería al café temático

Otra respuesta frente a la caída del consumo fue convertir la tienda en una experiencia más amplia. Keki Coffee & Manga, por ejemplo, se mudó de Villa Crespo a Ramos Mejía para ofrecer una propuesta que combina librería, café y productos gastronómicos japoneses, además de un mercado con golosinas importadas y sake. La idea es atraer a familias y extender la visita más allá de la compra puntual

Ese tipo de espacios también sumó actividades como maid café, encuentros con fans, maquillaje K-Pop y zonas pensadas para generar una experiencia visual y social. La estrategia apunta a un público fiel, aunque menos dispuesto a gastar de manera impulsiva, por lo que la rentabilidad depende cada vez más de la diversificación

Sobrevivir con dos locales o profundizar el nicho

En las comiquerías tradicionales, la pandemia operó como freno y salvavidas al mismo tiempo. Misato Comics venía con un retroceso del cómic desde hacía años, pero el empuje de series como Demon Slayer y Chainsaw Man ayudó a recuperar el movimiento

Con el tiempo, el negocio se dividió en dos: una tienda dedicada al manga en Flores y otra enfocada en juegos de mesa y cartas coleccionables en Monserrat, donde además se organizan torneos oficiales

En el extremo opuesto, Obsidiana Comics eligió profundizar el de especialidad. Sus dueños decidieron que, en lugar de seguir tendencias masivas, convenía hacer el nicho todavía más específico: recomendación experta, mercadería importada difícil de conseguir y ferias para creadores locales sin comisión. La apuesta es consolidar comunidad antes que volumen

El manga también se vuelve local

La expansión del formato impulsó, además, la búsqueda de versiones nacionales. Entre los casos más visibles está Pulga, el manga biográfico sobre Lionel Messi que se convirtió en un éxito de ventas tras la consagración en Qatar. La obra tuvo una secuela y un libro para colorear, y también logró vender derechos en Corea

Su recepción entre los más chicos reforzó una idea que se repite en el sector: el manga puede funcionar como puerta de entrada a la lectura. En un mercado más lento, las tiendas que mejor resisten son las que entendieron que ya no basta con vender historietas. Ahora también hay que construir experiencia, comunidad y, sobre todo, permanencia