El economista Emiliano Libman considera que la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central va en una dirección que ya siguieron varios países de la región y que, en general, contribuyó a construir estabilidad. Aun así, advierte que el impacto inmediato sobre la vida cotidiana será limitado y que el verdadero resultado dependerá de cómo se aplique

Un mandato más claro, pero sin carta blanca

Libman sostiene que concentrar al Banco Central en la estabilidad de la moneda es una práctica extendida en el mundo, con la Reserva Federal como principal excepción por su mandato dual. Para él, lo relevante es que la institución tenga objetivos definidos, funcionarios con mandatos más largos y una relación más ordenada con el Tesoro

También remarca que la independencia no debe entenderse como una caja cerrada. A su juicio, el Banco Central debe estar protegido de presiones del Poder Ejecutivo y, al mismo tiempo, rendir cuentas a la sociedad y evitar vínculos excesivos con el sistema financiero

La letra chica de la asistencia al Tesoro

Según Libman, el punto sensible está en la redacción. Señala que prohibir el financiamiento directo al Tesoro no elimina otras formas de apoyo indirecto, como la tenencia de títulos, las letras intransferibles o la posible intervención en mercados secundarios

Por eso insiste en que el límite real dependerá de la implementación. En su lectura, la reforma busca ordenar las reglas y dejar claro que no todo instrumento de política económica puede usarse sin costo, especialmente si se pretende sostener artificialmente el tipo de cambio por razones políticas

Crawling peg, dólar contenido y actividad frágil

Sobre la gestión actual, Libman cree que hubo etapas muy distintas. Reconoce que el inicio estuvo marcado por una devaluación fuerte y una política monetaria que ayudó a licuar pasivos en pesos en un contexto de extrema fragilidad. Luego, dice, apareció una fase de atraso cambiario para acelerar la baja de la inflación

Ese esquema, afirma, terminó generando tensiones, una corrida y la necesidad de apoyo externo. Aunque valora que luego se haya empezado a flexibilizar el régimen, considera que el peso sigue demasiado contenido y que el Banco Central todavía no permite una flotación genuina

Una economía apoyada en pocos ganadores

Para Libman, el problema no se limita a la política cambiaria. Ve una macroeconomía sostenida en pocos sectores dinámicos, como bancos, agro, litio, minería y Vaca Muerta, mientras el resto de la economía no recibe el mismo impulso

En ese escenario, advierte que el país necesita obra pública, infraestructura básica, mejores condiciones para la industria y un esquema cambiario menos asfixiante. Sin eso, cree que el crecimiento no alcanzará para una sociedad de 46 millones de habitantes

Riesgos para la sostenibilidad

Libman también vincula la continuidad del modelo con el resultado electoral del próximo año. Aunque reconoce que el Gobierno logró cierto control financiero y cambiario, duda de que ese equilibrio sea durable si no mejora la creación de empleo de calidad

En su visión, aun con los recursos de Vaca Muerta, la Argentina no resolverá por sí sola sus problemas estructurales. Por eso plantea que hacen falta más inversión pública, apoyo a la producción y una política económica que no dependa de mantener el dólar demasiado quieto