Un informe elaborado por el productor y exsecretario de Agregado de Valor de la Nación, Néstor Roulet, concluye que en una hectárea de soja el principal beneficiario no es el productor ni el dueño del campo, sino el Estado

Una hectárea que deja muy poco

Según la simulación, un productor que alquila tierra obtiene apenas US$42,77 de margen por hectárea. El cálculo parte de un rinde de 3,8 toneladas por hectárea y un precio FOB de US$460 por tonelada, que arroja un ingreso bruto de US$1.748 por hectárea

Sobre esa base, el trabajo aplica la alícuota vigente del 24% en derechos de exportación, suma costos directos e indirectos, carga impositiva y un alquiler de 16 quintales por hectárea, un valor frecuente en varias zonas agrícolas

La mayor porción de la cuenta

El informe estima que el Estado captura US$745,16 por hectárea, una cifra equivalente a 17 veces el margen del productor y al 43% de lo que genera la producción

Esa suma surge de dos frentes tributarios. Por un lado, alrededor de US$490 que resigna directamente el productor por retenciones, Ingresos Brutos e impuesto al cheque. Por el otro, unos US$255 adicionales que afronta el propietario de la tierra por Ganancias, Inmobiliario Rural, Sellos e Ingresos Brutos al cobrar el alquiler

Para Roulet, el problema no está en el valor del arrendamiento, sino en la presión fiscal que recae sobre toda la cadena

Qué pasa si se eliminan las retenciones

El trabajo también plantea un escenario hipotético sin derechos de exportación. En ese caso, el productor pasaría de US$42,77 a US$89,97 por hectárea, más del doble

La renta neta del dueño de la tierra subiría del 1,2% al 1,7%, mientras que el Estado seguiría recaudando US$587,6 por hectárea, aunque su participación sobre el ingreso total bajaría del 43% al 33%

Roulet además cuestiona el esquema de baja gradual de retenciones previsto para los próximos años. Sostiene que puede generar distorsiones porque muchos productores necesitan vender antes de que se concreten las reducciones y no cuentan con financiamiento suficiente para esperar

En su lectura, una carga de esa magnitud termina teniendo un efecto confiscatorio. Su conclusión es directa: el problema en la soja no sería el alquiler, sino las retenciones