Armando Bo recibe en la oficina principal de una casona de estética setentista donde funciona About Entertainment, la compañía que fundó en 2020 y que comparte conducción con Mercedes Reincke, Natacha Cervi y Ezequiel Olemberg. En ese mismo ecosistema también interviene Rebolucion, la productora de cine publicitario que cofundó y que ya supera los 700 comerciales realizados

El movimiento es constante: proyectos en desarrollo, rodajes, reuniones y una pizarra que concentra parte de su agenda creativa

Una fábrica de historias

La empresa estuvo detrás de Presidente y Cromañón, y este año suma dos títulos de fuerte peso narrativo: Moria, la serie sobre la vida de Moria Casán, y Barreda, la película sobre Ricardo Barreda y el femicidio que marcó a una familia entera. A eso se agrega la plataforma Shorta, enfocada en ficciones verticales, y la producción de Las malas, la adaptación de la novela de Camila Sosa Villada, que además dirigirá el propio Bo

Para él, el cine es una forma de contar historias y también un modo de vida. Reconoce que quiso estudiar Derecho, pero terminó en los sets. Desde los 17 años pasó por todos los roles posibles: meritorio, asistente, productor, escritor y director. Ese recorrido, dice, lo ordenó el cine publicitario, una escuela de trabajo acelerado y decisiones concretas

Un apellido, pero también una carrera

Nació en 1978 y creció en una familia atravesada por la industria. Es hijo de Víctor Bo y nieto de Armando Bo, uno de los nombres centrales del cine argentino, además de bisnieto de Silvestre Machinandiarena, cofundador de los Estudios San Miguel. Lejos de quedarse en el peso del linaje, construyó una carrera propia con rodajes en el exterior y proyectos que ganaron circulación internacional

Su debut como director fue con El último Elvis, estrenada en 2012, que pasó por Sundance y ganó el premio a Mejor Película en San Sebastián. En 2018 llegó Animal, con Guillermo Francella. Ese recorrido, sumado a su trabajo en publicidad en México y a su vínculo con Alejandro González Iñárritu, lo ayudó a consolidar una identidad profesional que hoy combina dirección, producción y desarrollo de contenidos

Grandes figuras, mismos desafíos

Bo sostiene que su interés está menos en las etiquetas que en los temas capaces de instalarse en la conversación pública. Por eso ve un punto en común entre Moria, Barreda y Cromañón: historias que interpelan a una sociedad y que exigen tiempo, dinero y convicción para salir adelante. Barreda, por ejemplo, tardó años en conseguir forma; Las malas también tuvo un desarrollo largo hasta convertirse en largometraje

En el caso de Moria, destaca la potencia del personaje, la decisión de abrir su historia y el trabajo de Javier Van de Couter junto con Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth. En Barreda, remarca la mirada de Daniela Goggi y la decisión de contar el caso desde las mujeres silenciadas por el asesino. En ambos proyectos, subraya, la apuesta fue hacerlos con ambición y sin recortar su escala

La familia como asunto pendiente

El peso del apellido también aparece cuando habla de Isabel Sarli, la figura que marcó la filmografía de su abuelo. Bo admite que la idea de una serie sobre la actriz sigue latente y que el vínculo familiar contiene material suficiente para construir esa historia sin necesidad de buscar lejos

Incluso recuerda un episodio incómodo de su juventud, cuando filmó un cortometraje con Sarli y debió pedirle disculpas por la forma en que la presentó

También rescata a su abuela María Teresa Machinandiarena, a quien atribuye una enorme dignidad en una historia atravesada por tensiones privadas y públicas. La memoria familiar, dice, existe en fotos, películas y relatos. No es una carga que quiera esquivar, sino una reserva narrativa que todavía espera su momento

Producir en tiempos difíciles

Bo afirma que financiar cine en la Argentina sigue siendo muy complejo y caro. Valora el apoyo institucional recibido por Las malas, pero al mismo tiempo advierte que muchos colegas no tienen trabajo. También mira con preocupación el impacto de las plataformas, los videojuegos, las redes y el teléfono en la atención del público, y cree que hablar de éxito solo en términos comerciales puede ser un error

Sobre las ficciones verticales, ve una oportunidad concreta para que nuevas personas filmen, fallen y vuelvan a intentarlo con presupuestos bajos. En esa misma línea ubica a la inteligencia artificial: una herramienta útil para abaratar procesos, pero incapaz de reemplazar el oficio de actores y técnicos

Aun así, su brújula sigue siendo la misma: proyectos grandes, tiempo largo y la idea de que una película o una serie pueden cambiar algo en quien las mira