Martina tenía 28 años cuando decidió alejarse de la vida urbana y comenzar una etapa completamente distinta. Tres años antes había dejado Rávena, Italia, para instalarse en una vivienda construida en el siglo XVIII, ubicada entre los Apeninos de la Romaña

El cambio le permitió desarrollar una rutina vinculada con la naturaleza y el mantenimiento de la propiedad. Entre plantas, árboles y trabajos de restauración, comenzó a construir una forma de vida más distante de las exigencias sociales que la habían condicionado durante su adolescencia

Una decisión tomada a los 26 años

Después de terminar la escuela, Martina se acercó a distintas disciplinas relacionadas con el arte y el bienestar. Estudió teatro, danza y yoga, y también se interesó por el taoísmo, una tradición china que promueve la armonía con el orden natural

A los 26 años compró la casa rural y empezó a aprender las tareas necesarias para conservarla. La jardinería, las reparaciones y la recuperación de los ambientes pasaron a formar parte de su vida cotidiana

La propiedad también se convirtió en una fuente de ingresos. Para pagar la hipoteca, Martina comenzó a recibir huéspedes y a ofrecer alojamiento dentro de la vivienda

Una casa marcada por la memoria familiar

El recuerdo de su abuela ocupa un lugar central en la historia de la joven. Durante los últimos meses de vida de la mujer, Martina estuvo a su cuidado y asegura que de ella heredó su vínculo con las plantas y el mundo natural

En la casa conviven muebles comprados en mercados de segunda mano, habitaciones ya restauradas y otros espacios que todavía esperan ser renovados. Para Martina, la propiedad reúne distintas identidades: la suya, la de la vivienda y la de su abuela

Por eso, no se define como dueña absoluta del lugar, sino como su guardiana. La casa, según explica, parece estar habitada también por las historias y los objetos que fueron quedando en ella

Lejos de las expectativas ajenas

La mudanza ocurrió después de un período complejo. Martina contó que durante años sufrió por la presión de responder a las expectativas de los demás y por la necesidad de encajar en determinados modelos de apariencia

También atravesó bulimia nerviosa, autolesiones y depresión. Aunque la vida rural le ofreció calma, no eliminó por completo sus inseguridades. La soledad, el temor al abandono y las dudas sobre la posibilidad de conocer a alguien siguen formando parte de su experiencia

Sin embargo, la joven asegura que encontró en esa casa una sensación de bienestar que antes no conocía de la misma manera. Cada día, al mirar por la ventana, siente gratitud por la decisión que tomó

Martina sostiene que su proyecto nació de una necesidad personal y no del deseo de satisfacer expectativas externas. Para ella, mantener la casa, recibir huéspedes y avanzar con las restauraciones son maneras de seguir un proceso en el que decidió confiar