La ansiedad suele aparecer cuando una persona intenta anticipar situaciones cuyo resultado todavía desconoce. La incertidumbre sobre la pareja, los hijos, la salud o el trabajo puede convertirse en una fuente constante de preocupación
Según explica el psicólogo Bernardo Stamateas, muchas personas buscan controlar ese malestar mediante pensamientos que se repiten sin llegar a una conclusión. El problema no está en reflexionar, sino en quedar atrapado en ideas sin dirección
La incertidumbre y los pensamientos catastróficos
Tolerar que no todo puede saberse de antemano es un aspecto importante de la salud mental. Sin embargo, frente a lo desconocido, la mente puede imaginar el peor escenario: perder el trabajo, enfermarse o enfrentar alguna otra desgracia
De ese modo, la preocupación se instala antes de que ocurra un hecho concreto. El pensamiento deja de ser una herramienta para actuar y pasa a alimentar la ansiedad
Pequeñas acciones para reducir la preocupación
Una manera de comenzar a disminuir la ansiedad consiste en distinguir los hechos de las suposiciones. También ayuda pasar de la preocupación a la acción: mientras la primera gira sobre sí misma, la segunda permite avanzar
Ordenar las tareas según su importancia y resolverlas de a una puede evitar la sensación de estar desbordado. Intentar hacer varias cosas al mismo tiempo suele aumentar la tensión
Stamateas también recomienda cultivar la fe, expresar aquello que causa malestar en lugar de guardarlo y recordar que no es posible controlar las decisiones o conductas de otras personas
Cuándo la ansiedad deja de ser útil
La ansiedad no siempre es negativa. Se trata de una respuesta normal del organismo que puede impulsar a una persona a levantarse, prepararse y llegar a tiempo a sus obligaciones
El problema aparece cuando esa activación continúa incluso después de haber cumplido su función. Mantenerse en estado de alerta sin poder detenerse puede transformar una respuesta útil en una experiencia perjudicial
La clave, entonces, no es eliminar toda ansiedad, sino aprender a reconocerla y ponerle un límite para recuperar una vida más saludable y plena