La autoexigencia puede hacer que una persona vincule su valor personal con su rendimiento. En ese caso, el descanso aparece como un problema y surge la sensación de que siempre hay que producir o alcanzar algo más

Para el perfeccionista, los logros rara vez parecen suficientes. Incluso cuando llega a una meta, puede convertirla de inmediato en un nuevo punto de partida. El resultado pierde importancia y queda desplazado por aquello que todavía falta

Cuando el error se transforma en condena

El error también ocupa un lugar central en este mecanismo. Un descuido o una palabra mal dicha pueden ser interpretados como una condena personal. La persona se dirige una voz interna cruel y se repite que ha sido un desastre

Stamateas diferencia la exigencia que ayuda a crecer de la hiperexigencia. La primera puede impulsar la mejora; la segunda se convierte en una presión permanente, tanto hacia uno mismo como hacia los demás, y suele estar acompañada por la comparación

El temor a la vergüenza

Según el psicólogo, la autoexigencia nace del deseo de no equivocarse. Detrás del perfeccionismo aparece el miedo a pasar vergüenza, recibir críticas o ser dejado de lado. Por eso, quien alcanza un logro puede minimizarlo, pero quien comete un error tiende a castigarse

Esta dinámica impide alcanzar la tranquilidad. La atención queda concentrada en lo que falta, lo que puede generar frustración e infelicidad y alimentar el intento de controlar todo y a todos

Descansar no es un premio

El descanso no debería entenderse como una recompensa por haber cumplido una meta. Es parte de la vida y no necesita ser ganado ni merecido

La necesidad de controlar también puede perjudicar los vínculos. A partir de los 45 o 50 años, sostiene Stamateas, las personas tienden a alejarse de quienes buscan controlarlas, porque la libertad empieza a valorarse de otra manera

La propuesta es exigir menos, disfrutar más, compartir más y controlar menos. Dar libertad, tanto a uno mismo como a los demás, permite construir relaciones con personas que se aceptan y aceptan a otros sin intentar moldearlos