Una escena que volvió por una foto

A cuatro décadas de su muerte, Jorge Luis Borges sigue apareciendo donde menos se espera: en debates sobre el infinito, en hipótesis de la física cuántica y también en fotografías que parecen agregar una pieza nueva a su biografía

El físico, escritor y músico Alberto Rojo compartió una imagen inédita que, según su reconstrucción, podría corresponder al día en que Estela Canto le pidió a Borges autorización para vender el manuscrito de El Aleph, dedicado a ella por el autor

Rojo recordó además que aquel encuentro ocurrió el 9 de julio de 1985, en el hotel Dorá, cuando fue a saludar a sus padres junto con su flamante esposa, el día después de casarse

El encuentro con Borges

En esa sobremesa, Borges estaba sentado junto a Estela Canto. Hablaba alternando inglés y castellano, con traje oscuro y una corbata prolija, según el recuerdo de Rojo

Su padre lo animó a acercarse y Borges aceptó conversar. A la charla se sumaron los padres de Rojo, su esposa, su hermana y su cuñado

Al final, Borges aceptó posar para la cámara. La hermana de Rojo llevaba una Canon porque la había usado el día anterior en la boda familiar. Una de esas imágenes, con Borges de pie junto a Canto, ya integra el archivo histórico de la escena

La nueva foto que Rojo desempolvó muestra una botella de vino blanco vacía sobre la mesa. Ese detalle lo llevó a pensar que podría tratarse del mismo momento en que Canto habría pedido vender el manuscrito, una anécdota que el propio Rojo reconstruyó a partir de una conversación con María Esther Vázquez

Según ese relato, Canto habría tomado sola una botella de vino blanco mientras Borges solo bebía agua. Después, el manuscrito fue vendido en 1985 por 19.000 libras en una subasta en Londres

El escritor que llegó antes a la teoría

Rojo sostiene que Borges ocupa un lugar singular: es, dice, el autor más citado por científicos. Y no solo por sus ideas sobre el infinito, sino porque su literatura anticipó imágenes que luego encontraron eco en teorías físicas

En El jardín de senderos que se bifurcan, Borges imaginó un universo que se ramifica en múltiples posibilidades. Décadas más tarde, esa intuición dialogó con la interpretación de los muchos mundos formulada por Hugh Everett

Para Rojo, la frontera entre ciencia y arte es más porosa de lo que suele creerse. La belleza, la simetría y la elegancia también orientan la investigación científica, afirma

En esa línea, Borges aparece como un autor capaz de tocar problemas que obsesionan a físicos y matemáticos: el tiempo, la lógica, el infinito y las paradojas de lo real

Rojo resume esa afinidad con una idea simple: hay preguntas para las que la ciencia todavía necesita el lenguaje de la poesía

Y Borges, dice, dejó justamente eso: palabras capaces de seguir abriendo laberintos mucho después de su muerte