Italia es uno de los países europeos con más población envejecida y, entre las historias de longevidad que suelen conocerse allí, la de Carla Villa llamó la atención por su lucidez y su energía a los 101 años

Vecina de Milán desde siempre, Villa sostuvo durante décadas una vida ligada a su barrio, a hábitos simples y a una rutina que, según contó, le permitió llegar a esta edad en buen estado general

Una rutina sin excesos

La centenaria explicó que suele levantarse entre las 7.30 y las 8.00, desayuna café con galletas y no almuerza. Por la noche, en cambio, cena pollo con verduras o pescado

También admitió que no sigue una dieta estricta y que con frecuencia acepta un helado de café que le lleva su hijo Thomas

Además de la alimentación, destacó la importancia de moverse y conservar vínculos. Aunque recibe ayuda en la casa y no ve como antes, suele salir a caminar cuando el clima lo permite y disfruta recorrer lentamente las calles de su barrio

Antes leía a diario el diario que tenía su sede frente a su casa, pero ahora solo se informa por televisión debido a la pérdida de visión

Las marcas de su vida

Su historia también estuvo atravesada por momentos duros. Uno de ellos fue la muerte de su hermano, en 1942, durante la batalla de Don, en Rusia. A raíz de ese golpe, su madre murió de tristeza

El otro gran quiebre llegó cuando tuvo a su hijo siendo soltera. Como su pareja no quiso hacerse cargo, decidió criarlo sola. Más tarde, en 1972, abrió un local de antigüedades que sostuvo a la familia hasta 1999

Al mirar hacia atrás, Villa resumió su larga vida con una frase que condensa su carácter: siempre hizo lo que quiso, aunque no haya sido fácil