Charlene Catalano buscaba una madeja verde y blanca para tejer su bufanda de invierno. En lugar de ir a una gran tienda, la encontró en Brooklyn Creative Reuse, junto con kits de crochet, ganchos, etiquetas y otros accesorios en buen estado. Todo le costó 6 dólares
Espacios como ese forman parte de una red de cientos de centros de reutilización creativa en Estados Unidos y otros países. Su objetivo es evitar que los materiales de arte terminen en rellenos sanitarios, vendiendo donaciones de manualidades y artes plásticas con descuentos profundos, casi como una tienda de segunda mano para quienes crean
Menos residuos, más posibilidades
Los insumos artísticos suelen venderse en grandes cantidades: un paquete de marcadores, una resma de papel o un rollo de cinta dura mucho más que el proyecto para el que fue comprado. Cuando se descartan, pueden degradarse lentamente y, en algunos casos, liberar sustancias contaminantes y microplásticos
Reutilizar esos materiales es una forma concreta de reducir ese impacto. Algunos centros logran sacar miles de kilos de productos del circuito de basura cada mes
Además del beneficio ambiental, estos espacios abaratan el acceso al arte. En Brooklyn Creative Reuse, la mayoría de los productos se vende a 3 dólares por libra. Otros centros fijan precios por unidad. Así, quienes hacen manualidades pueden llevar solo unas cintas, retazos o fracciones de material, en vez de comprar bobinas o piezas completas
El costo oculto de producir arte
La reutilización también ahorra recursos. Fabricar, empacar y transportar insumos nuevos consume agua y energía. Un ejemplo: producir un galón de pintura requiere unos 13 galones de agua
El embalaje también suma peso ambiental. Muchos artículos llegan con plástico, cartón y envoltorios diseñados para proteger productos sensibles como la pintura
En Atlanta, Scraplanta Creative Reuse reúne casi 7.000 libras de materiales por mes entre sus dos centros y una tienda itinerante. Allí compran docentes, familias, adolescentes que cosen y profesores universitarios
Cómo crear con menos impacto
Las recomendaciones para un arte más sostenible empiezan en casa: comprar solo lo necesario y donar lo que sobra en lugar de tirarlo
También importa cómo se limpian los pinceles. En vez de enjuagarlos bajo el grifo, conviene retirar la pintura con un trapo y desprender el exceso antes de lavarlos. Así se evita que microplásticos lleguen a las plantas de tratamiento y luego a ríos y lagos
Otra opción es buscar programas de recolección para reciclar pinturas. Y, para ir más lejos, muchos materiales domésticos pueden transformarse en insumos artísticos. Cáscaras de cebolla y remolacha pueden convertirse en tintas, y hasta cosméticos viejos pueden reconvertirse en pinturas o tintes
Donar en lugar de acumular
La experiencia de comprar materiales reutilizados también cambia la relación con lo que ya se tiene. La artista y docente Rosina Morelli dijo que la visita a Brooklyn Creative Reuse la llevó a revisar cajones y armarios propios
Para ella, la satisfacción está en donar lo que no usa para que otra persona lo aproveche, en vez de dejarlo olvidado o terminar desechándolo