Un libro armado a partir de archivos y una investigación compartida

Robert Potash admitió en el prólogo de la primera edición de Arturo Illia. Un sueño breve que el presidente radical aparecía allí como un dirigente mucho más complejo de lo que él mismo había descrito en trabajos anteriores

Ese comentario resume el alcance de una investigación minuciosa sobre el período que desembocó en el golpe militar de 1966 y sobre el peso que tuvieron el peronismo y Estados Unidos en ese desenlace

El libro nació de una colaboración singular entre César Tcach y Celso Rodríguez, dos autores que nunca llegaron a conocerse. Rodríguez, mendocino, desarrolló buena parte de su carrera en Estados Unidos, donde trabajó con Potash en la Universidad de Massachusetts y revisó documentación del Departamento de Estado y de los Archivos Nacionales sobre la política argentina

A su regreso al país, siguió investigando hasta su muerte. Luego, por sugerencia de Potash, Nelly Rodríguez le encargó a Tcach completar y ampliar ese trabajo, que ahora llega a una segunda edición, a seis décadas del derrocamiento de Illia

La ética como herramienta política

Tcach sostiene que Illia no entendía la ética como un arma para identificar adversarios, sino como una base para construir acuerdos. Esa convicción convivía con un programa de reformas sociales orientadas a los sectores populares y con un fuerte respeto institucional. Durante su presidencia se mantuvo la división de poderes y se liberó a los presos políticos que aún seguían detenidos desde gobiernos anteriores

El gobierno radical no reprimió las protestas sindicales de 1964, cuando hubo una parálisis casi total de la actividad económica y ocupaciones masivas de fábricas. También recuperó para el Estado las explotaciones petroleras entregadas al capital extranjero y promovió la ley de salario mínimo, vital y móvil. Pese a eso, gran parte de esas decisiones no fue valorada en su momento

Incluso en 1965, cuando se multiplicaron las protestas universitarias por más presupuesto, el contexto de fondo era otro: crecía una radicalización política intensa, en medio de episodios internacionales como la invasión estadounidense a República Dominicana. Illia fue el único mandatario de la región que rechazó enviar tropas

Empresarios, propietarios y presión sobre el poder civil

El clima de época también estuvo marcado por la ofensiva de sectores corporativos. Una de las principales articulaciones empresarias era Aciel, que reunía a bancos, la Sociedad Rural y grandes compañías. Desde allí se veía al gobierno de Illia como una versión radicalizada del peronismo y se impulsaba una oposición frontal

Otro ejemplo fue el de los propietarios de inmuebles, molestos por el congelamiento de los alquileres heredado de la etapa peronista. En lugar de canalizar sus reclamos por el Congreso, sus dirigentes enviaron una carta al jefe del Ejército, Juan Carlos Onganía, para pedirle que interviniera frente a lo que consideraban leyes “demagógicas”

El episodio refleja, según Tcach, hasta qué punto la disputa política se desplazaba fuera de las instituciones representativas

A ese escenario se sumaban las tensiones sindicales. Augusto Timoteo Vandor usaba su poder para condicionar la vida política del país, mientras el Ejército iba abandonando el antiperonismo clásico para asumir una hostilidad más amplia contra la política partidaria

Peronismo, golpe y competencia política

Tcach afirma que tanto Vandor como José Alonso apostaron al golpe de Estado. Ambos, de hecho, estuvieron entre los asistentes a la asunción de Onganía en la Casa Rosada, cuando el nuevo presidente de facto juró por el estatuto de la Revolución Argentina y no por la Constitución

Para el historiador, la hostilidad peronista hacia Illia no se explicaba tanto por diferencias programáticas como por la competencia política. En materia económica y social, dice, había más coincidencias de las que suele recordarse: el peronismo respaldaba la anulación de los contratos petroleros y difícilmente podía objetar una ley de medicamentos que trataba a los remedios como bienes sociales

Washington, los militares y la información anticipada

Uno de los aportes más sensibles del libro es la reconstrucción del vínculo entre los militares argentinos y Estados Unidos. Tcach destaca que, contra la percepción que predominaba en sectores de izquierda, el principal contacto norteamericano dentro del Ejército no era Onganía sino Julio Alsogaray

Entre la documentación incorporada aparece un informe de comienzos de junio de 1966 en el que Alsogaray le anticipa a agentes de la CIA la fecha aproximada del golpe, los uniformados comprometidos, las unidades aseguradas y hasta rasgos del futuro gobierno. El contenido de ese mensaje, señala Tcach, coincide casi por completo con lo que ocurriría semanas después

Los límites de Illia

El libro también subraya dos debilidades centrales del gobierno radical. La primera fue la falta de alianzas duraderas: aunque Illia había llegado al poder con apoyos de otras fuerzas en el Colegio Electoral, no buscó consolidarlos. Esa negativa tenía raíces en la tradición yrigoyenista, que desconfiaba de los acuerdos por considerar que diluían la identidad partidaria

La segunda fue la ausencia de una estrategia de comunicación moderna. Tcach considera que Illia tenía una mirada anticuada sobre el uso político de los medios. Su entorno recordaba que había visto en Europa el impacto propagandístico de Hitler y luego el manejo de la prensa durante el peronismo, experiencias que reforzaron su rechazo a ese terreno. Pero esa reserva terminó jugando en contra

A ello se sumaba la fractura interna del radicalismo. La UCR del Pueblo, con figuras como Ricardo Balbín, Amadeo Sabatini e Illia, y la UCRI de Frondizi se enfrentaban en una guerra política que se prolongó incluso cuando los roles se invirtieron: el frondizismo respondió al gobierno de Illia con una oposición especialmente dura y destructiva