Una jornada entre dos épocas

La segunda noche de Lollapalooza Chicago dejó la impresión de estar cruzando dos tiempos a la vez: el presente más inmediato del pop global y la memoria viva del rock alternativo de los 90. Con más de cien mil personas en Grant Park y una lluvia intermitente como parte del paisaje, Charli XCX y The Smashing Pumpkins encabezaron una fecha que combinó intensidad, sorpresa y clima de celebración

Además de la expectativa por lo que pasaba en Chicago, el festival ya mira hacia su desembarco en la Argentina, previsto para el 12, 13 y 14 de marzo en el Hipódromo de San Isidro

Zara Larsson abrió el juego

Desde temprano, Zara Larsson se afirmó como una de las figuras más convocantes de la jornada. La sueca llevó su propuesta Midnight Sun al escenario principal con un clima luminoso que contrastó con la tarde gris. Con una puesta de aire fantástico, la cantante alternó coreografías pop, guiños al burlesque y una presencia escénica que sostuvo de principio a fin

En un repertorio donde también asomaron referencias a su crecimiento artístico, Larsson celebró el recorrido que la llevó desde su debut en el festival hasta este presente, ya instalada como una de las voces fuertes del pop europeo

Yungblud y la energía compartida

Más tarde, Yungblud llevó el show hacia un terreno más físico y explosivo. Desnudo de torso, con pantalón de cuero y una actitud de frontalidad total, buscó convertir al público en parte central del concierto. Invitó a una fan llamada Katie, de Michigan, a subir al escenario para tocar “Fleabag”, y la escena terminó en una especie de comunión entre artista y audiencia

El momento más emotivo llegó con “Changes”, el clásico de Ozzy Osbourne que interpretó en el homenaje al líder de Black Sabbath poco antes de su muerte. Después, cerró con “Zombie” y un mensaje directo a sus seguidores: vivir sin postergaciones

Charli XCX y una estética en combustión

Cuando cayó la noche, Charli XCX tomó el control con una propuesta afilada, ruidosa y visualmente compacta. Arrancó con “Rock music” y sostuvo una seguidilla de temas que incluyó “Yeah”, “Apple”, “Wink wink” y “Girl, so confusing”, en una puesta que reforzó el pulso distorsionado de esta etapa artística

La lluvia terminó de sellar la conexión con el ambiente. Entre cambios de vestuario, luces blancas y una escenografía de clima industrial, la británica sostuvo un show de alto voltaje. En “House”, la participación de John Cale desde las voces grabadas aportó una capa de peso simbólico y reforzó la dimensión conceptual del concierto

El regreso de Smashing Pumpkins a su ciudad

La otra gran postal de la noche llegó con The Smashing Pumpkins, que volvieron a Chicago con un repertorio apoyado en sus clásicos y en una energía intacta. Billy Corgan condujo un viaje atravesado por canciones como “1979” y “Bullet with butterfly wings”, con la potencia de siempre y algunas apariciones inesperadas

La mayor ovación fue para Olivia Rodrigo, que se sumó a una versión íntima de “Thirty-Three” junto a Corgan en acústico. También pasó Yungblud por “Luna” y Melissa Auf der Maur, exbajista de la banda, apareció para cerrar con “The everlasting gaze”

El final quedó en manos de Corgan y sus hijos, en una despedida sencilla, sin excesos, bajo el cielo de Chicago. Una imagen doméstica y simbólica para coronar una noche cargada de memoria

Grant Park como experiencia total

Más allá de los escenarios, el recorrido por Grant Park volvió a confirmar que Lollapalooza es también una experiencia de paseo, encuentro y deriva. La comida, el merchandising, los juegos gigantes y las instalaciones pensadas para la foto forman parte del recorrido tanto como la música

La segunda jornada terminó así, entre nostalgia y proyección, con la sensación de que el festival sigue funcionando como un lugar donde el presente y la historia conviven sin conflicto