El 98% de los profesionales de ciberseguridad cree que las empresas deben fortalecer sus defensas ante amenazas cada vez más complejas, de acuerdo con datos de Kaspersky. Pero el problema no se limita a las organizaciones: en la vida diaria, un descuido mínimo puede terminar en contraseñas comprometidas, datos expuestos o un dispositivo vulnerable

La llamada higiene cibernética reúne acciones básicas que cualquier persona puede incorporar para proteger sus cuentas, conexiones y equipos. No requiere herramientas sofisticadas: depende de rutinas constantes que reducen el riesgo de fraude, robo de identidad, pérdida de información o bloqueo de sistemas

Contraseñas más fuertes, menos exposición

El primer paso es renovar las claves con cierta frecuencia, no repetirlas en distintas cuentas y optar por combinaciones largas y distintas entre sí. Un gestor de contraseñas puede ayudar a sostener ese hábito sin sacrificar seguridad

Menos confianza automática, más control

Otro punto clave es no abrir enlaces ni archivos que despierten dudas. El phishing sigue siendo uno de los métodos más usados para engañar a los usuarios mediante correos, mensajes o páginas falsas. Verificar el remitente y preguntarse si el contenido era esperado puede evitar un acceso no deseado

También conviene revisar los permisos otorgados a las aplicaciones instaladas. Muchas veces se conceden accesos a ubicación, cámara, micrófono o archivos sin necesidad real. Limitar esos permisos reduce la cantidad de información personal expuesta

Respaldo y actualización, dos defensas decisivas

Las copias de seguridad periódicas son otra barrera esencial. Ante un ataque de ransomware o una falla técnica, contar con respaldos en la nube o en un disco externo puede evitar la pérdida de fotos, documentos y correos. Lo importante no es solo hacer la copia, sino comprobar que funcione

El último hábito es mantener al día el sistema operativo, el navegador y las aplicaciones. Cada actualización suele corregir fallos de seguridad ya conocidos por los atacantes, por lo que postergarlas deja abierta una ventana de riesgo innecesaria

En casa y en la oficina

Estas prácticas sirven tanto en el ámbito personal como en el laboral. En el hogar, ayudan a proteger la red Wi-Fi, activar el bloqueo de pantalla y programar respaldos automáticos. En el trabajo, además, reducen la posibilidad de que un solo usuario descuidado comprometa a toda una red

Por eso, a los hábitos individuales se suman medidas como la autenticación multifactor, reglas claras sobre el uso del correo y las aplicaciones, segmentación de redes y capacitación continua. La seguridad digital empieza en cada teléfono, pero su impacto alcanza mucho más lejos