La planta del incienso se ha convertido en una opción habitual en muchos hogares por su perfume agradable y su valor ornamental. Sin embargo, no basta con regarla de vez en cuando: su desarrollo depende de varios cuidados básicos que marcan la diferencia

El floricultor Ángel Illescas ha resumido en consejos sencillos los puntos que más influyen en su conservación, desde el lugar donde se coloca hasta la cantidad de agua que recibe

La luz adecuada, sin sol fuerte

La ubicación es el factor más importante. Esta planta no soporta una exposición prolongada al sol directo, aunque puede tolerar algo de luz suave por la mañana. Lo ideal es situarla en semisombra o en interior, siempre que reciba mucha claridad

Si el espacio no está bien iluminado, la planta pierde vigor con rapidez. Por eso conviene evitar rincones oscuros y elegir zonas luminosas pero protegidas

Riego corto y sin encharcar

El exceso de agua es uno de los errores más comunes. Illescas recomienda regar con moderación y evitar que quede agua acumulada en el plato de la maceta, porque las raíces no toleran bien la humedad constante

Según su experiencia, es preferible quedarse corto con el riego que pasarse. Una maceta encharcada puede acabar debilitando la planta hasta hacerla desaparecer

Frío fuera y poda ligera

La planta del incienso tampoco lleva bien las bajas temperaturas. Cuando el termómetro desciende, su aspecto se resiente, así que en los momentos fríos conviene resguardarla en el interior de la vivienda

Además, si sus tallos colgantes crecen demasiado, se pueden cortar las guías para favorecer nuevos brotes desde dentro. Con una poda sencilla, la planta puede recuperar mejor su forma y densidad