El perejil es un básico de cocina, pero también una de las hierbas más difíciles de conservar. Muchas veces se compra un manojo entero y, tras usar solo unas pocas hojas, el resto se marchita rápido
La técnica más simple
La recomendación es tratar el perejil como si fuera un ramo de flores. Para eso, hay que colocar las ramas en un vaso o recipiente con dos o tres centímetros de agua
Antes de hacerlo, conviene hacer un corte limpio en la base de los tallos para quitar la parte oxidada y facilitar que absorban el líquido
Después, se cubren las hojas con una bolsa de plástico o papel film. Esa protección ayuda a mantener la humedad y a resguardar la planta del aire seco del refrigerador
Qué mirar al comprarlo
El mejor resultado empieza en la compra. Hay que elegir ramilletes de color verde intenso, sin manchas amarillas ni tallos secos
También es importante sacar las hojas dañadas antes de guardarlo y no lavarlo hasta el momento de usarlo, porque la humedad extra acelera su deterioro
Otras formas de guardarlo
Si no hay un recipiente de vidrio, también sirve una botella plástica cortada y bien limpia para mantener el manojo en posición vertical
Otra alternativa es envolver el perejil en papel absorbente apenas humedecido y guardarlo en un recipiente plástico cerrado solo de forma parcial
En todos los casos, conviene revisar el estado de las hojas con frecuencia y retirar enseguida las que estén en mal estado
El aceite, con cuidado
Guardar perejil picado en aceite exige precauciones especiales. Ese entorno sin oxígeno puede favorecer bacterias peligrosas como Clostridium botulinum
Si se usa ese método, el frasco debe mantenerse siempre refrigerado, consumirse en un máximo de siete días y la hierba debe escaldarse antes de mezclarla con el aceite
Frente a esas opciones, la técnica del agua sigue siendo la más segura y práctica para conservar el perejil fresco durante más tiempo