Para Finn Vester, las clases de danza se convirtieron en una forma de comunicarse y relacionarse con otras personas. El niño, que tiene autismo y síndrome de Down, había probado artes marciales, pero la actividad no se ajustaba a su manera de aprender
Después se incorporó a Dance Abilities, un programa de la Academy of Dance Arts en Fishers, un suburbio de Indianápolis. Su madre, Nicole Vester, asegura que el baile le permitió encontrar una actividad en la que se siente incluido
Un espacio adaptado a cada estudiante
Claire Graham creó Dance Abilities después de recordar que, durante su adolescencia, mientras estudiaba danza, no encontraba la forma de conectarse con su hermana, que tiene síndrome de Down
En tres años, el programa pasó de ser un campamento de verano para ocho niños a ofrecer clases durante todo el año para unas 20 personas. Hay grupos para pequeños de entre 18 meses y 4 años, niños de 4 a 7 y de 8 a 12, adolescentes y adultos
Graham, licenciada en danza y con una maestría en terapia recreativa, considera que una jornada exitosa es aquella en la que todos se divierten y enfrentan nuevos desafíos. Su objetivo no es alcanzar posiciones perfectas ni presentaciones impecables, sino que cada participante pueda actuar con confianza
Las clases incorporan distintos apoyos: movimientos más lentos, mayor uso de indicaciones visuales y asistentes que guían físicamente a los estudiantes. También se agregan ejercicios nuevos de manera gradual para aumentar la dificultad
Beneficios físicos y emocionales
Las actividades se ajustan a las necesidades de cada grupo. En el caso de los estudiantes con síndrome de Down, Graham trabaja especialmente el desarrollo del tono muscular, ya que suelen tener mayor flexibilidad y menos fuerza. Quienes tienen autismo a menudo necesitan más apoyo durante los estiramientos
La danza también ayuda a fortalecer la autoestima. Nicole Vester destaca que su hijo recibe las explicaciones a su propio ritmo, repite los ejercicios las veces necesarias y puede sentirse orgulloso, capaz y parte de un grupo
Abigail MacGregor, que tiene síndrome de Down, disfruta recorrer circuitos de obstáculos y mostrar a sus familiares los pasos que practica durante la semana. Para ella, lo mejor es divertirse y compartir con sus compañeros de danza
Tucker McGarrell, de 13 años y también con síndrome de Down, no camina, pero corre hacia sus clases. Su madre, Amanda McGarrell, valora que el programa no sea una terapia obligatoria, sino una actividad que su hijo disfruta
Para la familia, contar con un lugar acogedor donde Tucker puede ser él mismo, hacer amigos y aprender cosas nuevas representa una gran diferencia
Graham sostiene que, cuando se les brinda una oportunidad y se parte del nivel en el que se encuentra cada estudiante, todos pueden progresar. Para ella, la señal más importante de éxito es escuchar a sus alumnos decirles a sus madres: “Mira, lo hice”
La inclusión también ha ganado visibilidad en otros escenarios. Ezra Frech, atleta de pista y campo con una pierna protésica y ganador de dos medallas de oro paralímpicas, participa esta temporada en el programa televisivo “Dancing with the Stars”