Hasta hace poco, Ángel Caro pasaba sus días en la esquina de Sarmiento y Guzmán, en el centro de Córdoba. Esperaba el rojo del semáforo para ofrecer limpiar parabrisas. Hoy su rutina es otra: se levanta a las seis de la mañana, toma un colectivo y cumple ocho horas como empleado de una empresa de mantenimiento de espacios verdes

Ahora cobra un sueldo fijo, tiene obra social y sabe que cuenta con vacaciones pagas y aguinaldo. Para él, el cambio no se resume en un empleo: también significa volver a proyectar una vida distinta

Un oficio, una capacitación y una puerta de entrada

La transformación empezó cuando dos trabajadoras municipales se acercaron a esa esquina para invitarlo a un curso gratuito de jardinería y mantenimiento de espacios verdes. La propuesta fue impulsada por la Universidad Tecnológica Nacional, en articulación con la Municipalidad de Córdoba, la Fundación Universitaria de Oficios y la empresa Kazaró

La iniciativa surgió tras el endurecimiento de las sanciones contra la actividad de los limpiavidrios. Frente a ese escenario, el objetivo fue ofrecer una salida concreta: formación y un puesto de trabajo registrado

Al comienzo, a los participantes solo se les habló de capacitación. Recién más avanzado el curso supieron que la meta era incorporarlos a una empresa. Según los organizadores, la idea era que el interés naciera primero por aprender un oficio y no solo por la expectativa de conseguir empleo

El programa estaba pensado para un encuentro semanal, pero los propios asistentes pidieron sumar una segunda clase. De las 14 personas que iniciaron el proceso, 12 lo completaron y hoy trabajan formalmente

Trabajo en red para una inclusión concreta

Cada actor tuvo un rol específico. La universidad coordinó el proyecto y consiguió financiamiento. La fundación aportó docentes, espacio físico y formación técnica. El municipio seleccionó y convocó a los participantes a través de sus equipos sociales

La pieza clave fue la empresa dispuesta a contratar. Kazaró, dedicada a servicios de limpieza institucional, mantenimiento de espacios verdes y control de plagas, se sumó desde el diseño del programa para adecuar la capacitación a las tareas reales del puesto

Además de contenidos técnicos, el curso incluyó hábitos laborales, puntualidad, trabajo en equipo y otras herramientas necesarias para sostener un empleo formal. También hubo acompañamiento en cuestiones básicas: algunos participantes necesitaban comida, dinero para el colectivo o apoyo para ordenar el cobro del salario

El desafío no era solo aprender

Para Ángel, el mayor cambio no fue únicamente aprender un nuevo oficio. También fue creer que podía empezar de cero y modificar su destino. Abandonó la escuela en la adolescencia para ayudar a su familia, creció en el barrio Renacimiento y durante años trabajó en la calle

Durante la capacitación, parte del material se adaptó a videos para facilitarle el seguimiento, ya que casi no sabe leer ni escribir. Terminó con uno de los mejores promedios y fue elegido segunda escolta en la graduación

Hoy, lo que más valora es algo simple: tener horarios, responsabilidades y compañeros. También empezó a pensar en retomar la escuela

Una experiencia que busca crecer

Los organizadores quieren ampliar el programa. Según un relevamiento municipal, más de 100 limpiavidrios habrían quedado sin ese ingreso tras la prohibición de la actividad. Para llevar la experiencia a más personas, necesitan nuevas empresas dispuestas a ofrecer empleo formal

Para Ángel, el cambio se traduce en certezas básicas: un plato de comida asegurado cada noche, una rutina estable y la posibilidad real de estudiar otra vez. Después de años esperando que el semáforo cambiara, hoy su futuro ya no depende de la calle