Julio sabía que Gordo ya no podía seguir en una pecera doméstica. Lo había criado desde chico, lo alimentaba todos los días y, con el tiempo, entendió que aquel bagre amazónico, conocido también como pez gato de cola roja, necesitaba otro entorno
La decisión terminó en una donación y en el traslado del animal al Bioparque Temaikén, en la provincia de Buenos Aires. Antes de recibirlo, el equipo del acuario evaluó si estaban en condiciones de garantizarle bienestar y organizó la logística necesaria para moverlo
Un cuidado aprendido en casa
Julio contaba que le daba de comer directamente en la boca. Cuando podía, le conseguía mojarras frescas; si no, compraba cornalitos. Esa rutina cotidiana fue la que marcó la conducta del pez y también permitió que el personal del bioparque entendiera cómo ayudarlo en su adaptación
Al llegar, Gordo atravesó un período de cuarentena en el que se trabajaron el agua, el manejo y la alimentación. Durante varias semanas no comió, algo que los especialistas consideraron normal en un proceso de cambio. Con el tiempo, empezó a acercarse a la superficie cuando veía a una persona con comida, como hacía en su casa
El reencuentro que cerró el ciclo
Ya instalado en el Acuario de Río, el pez pasó a convivir con otras especies de agua dulce y con ejemplares de su misma especie. Aunque su crecimiento en un espacio reducido le dejó algunas marcas físicas, llegó en buen estado de salud
Semanas después, Julio viajó para volver a verlo. Lo reconoció enseguida por un detalle particular en sus bigotes y dijo que se fue tranquilo al comprobar que estaba bien cuidado, en un ambiente más acorde a sus necesidades
Para él, la escena confirmó algo que venía sintiendo desde hacía tiempo: Gordo estaba mejor en ese lugar y, al verlo adaptado, también él pudo cerrar una etapa