En Palermo, Musgo funciona como una síntesis de viaje, mudanza y cocina: una propuesta nacida de un vínculo que empezó en pandemia, pasó por la guerra y terminó en un proyecto gastronómico armado en Buenos Aires por Ksenia Romantsova y Konstantin Voronin

Ella habla español con fluidez. Él llegó sin manejar el idioma y aprendió lo básico para poder sostener el restaurante. La historia entre ambos comenzó en Rusia, en medio del encierro por Covid, cuando un match en Tinder derivó en conversaciones, clases de cocina por videollamada y una relación que se volvió convivencia

Una cita con merluza negra

Ksenia recuerda sobre todo una segunda cita: Kosta la sorprendió con merluza negra, un pescado que él conocía por su experiencia como chef en barcos que recorrieron distintos puntos del mundo, desde Ushuaia y la Antártida hasta Europa y Medio Oriente. Ese plato terminó convertido en uno de los emblemas de la carta actual

Antes de conocerse, ella trabajaba en retail y vivía en San Petersburgo. La pandemia la encontró sola en Rostov del Don, donde había sido enviada a abrir una tienda. En ese aislamiento, con ejercicios en casa, libros y rompecabezas, abrió Tinder. Él acababa de volver de trabajar en un crucero y también se sumó a la aplicación. Así empezó el vínculo

La salida de Rusia

La decisión de irse del país se aceleró con el avance de la guerra entre Rusia y Ucrania. Ambos se oponían al conflicto y entendieron que quedarse empezaba a ser una opción cada vez más riesgosa y difícil. Con el tiempo, la situación de movilidad, los bloqueos financieros y las restricciones hicieron más urgente la partida

Ksenia inició la documentación para salir mientras estaba embarazada. En diciembre de 2022 llegó a la Argentina con ocho meses de gestación, después de vender su departamento y dejar todo atrás. Un mes más tarde arribó Kosta y nació Sasha, su hija

Ya instalados, buscaron atención médica fuera del circuito de la comunidad rusa para no quedar encerrados en una burbuja. También empezaron a pensar en un proyecto propio

Un restaurante, una hija y una mudanza

Con Sasha todavía muy chica, comenzaron la búsqueda de un local. El lugar elegido fue una ex inmobiliaria en Palermo, con un departamento arriba, que les permitió imaginar algo más amplio que un simple salón: un espacio con identidad propia, naturaleza, diseño y cocina de autor

Para construir la estética, viajaron a Península Valdés, fotografiaron paisajes y tomaron colores y texturas como referencia. Después convocaron a diseñadores radicados en la Argentina para materializar una ambientación hecha con plantas, piedras patagónicas y una idea de interior cálido y orgánico

Patagonia, Asia y minimalismo

La cocina también quedó atravesada por los viajes de Kosta. A partir de productos patagónicos, técnicas asiáticas y una estética escandinava, fue armando una carta que mezcla referencias y memorias. La definieron como japandí en el salón y patagandí en la cocina

Entre los platos aparecen combinaciones como merluza negra con ostra y salsa ramen, hongos asiáticos con miso y tartar de lomo con enoki y gamadari. El concepto no se limita al menú: también atraviesa eventos, ciclos, pop-ups, una terraza, una huerta propia y una renovación constante de la propuesta

Desde su apertura, en mayo de 2024, el restaurante dejó de depender de la comunidad rusa y amplió su público. Hoy la mayoría de los clientes son argentinos y turistas. En cocina trabajan 14 personas y, en temporada alta, el equipo crece

Para Ksenia y Kosta, Musgo terminó siendo mucho más que un negocio nacido del azar. Es el resultado de una mudanza forzada, una maternidad inesperada y una forma de entender la hospitalidad: rodear la mesa de calma, naturaleza y comida pensada para quedarse en la memoria

Antes de despedirse, ambos gritaron “¡Vamos Argentina!” y corrieron a ver el partido de la Selección