Thomas Nguyen creció en la provincia vietnamita de Hue durante los años de la guerra, una época marcada por la escasez y las dificultades para conseguir alimentos. Como uno de los menores de una numerosa familia católica, guarda recuerdos especialmente ligados a su abuela, quien le transmitió recetas tradicionales y el valor de aprovechar cada ingrediente

Cuando el conflicto terminó, su familia se mudó a Estados Unidos. Allí debió adaptarse a un idioma, una cultura y una realidad completamente diferentes. Con el tiempo, encontró un espacio en la música: durante más de diez años trabajó como disc jockey en un importante hotel de Washington. De esa etapa todavía conserva una extensa colección de vinilos

Una película y un amor lo acercaron a la Argentina

En 1998, mientras vivía en Estados Unidos, Thomas vio Happy Together, una película cuya pareja protagonista soñaba con conocer las Cataratas del Iguazú. La imagen de la Argentina quedó grabada en su memoria

Poco después se enamoró de un argentino que se desempeñaba como embajador de Tailandia. Cuando la relación se consolidó, decidió acompañarlo en un viaje por el país y cumplir aquel deseo que había nacido frente a la pantalla

“Quizás fue el destino, pero opté por seguirlo y cumplir mi sueño, el de la película”, recuerda. También tuvo presente un consejo que había recibido en una relación anterior: la mejor manera de conocer un país es vivir en él

Su primer contacto con la Argentina ocurrió durante los primeros años del nuevo milenio. Más tarde viajó a Tailandia, donde retomó las recetas de su abuela y comenzó a trabajar como asistente de cocina. En ese período aprendió sobre el uso del wok, las hierbas y la importancia del arroz en la gastronomía regional

Buenos Aires, una nueva etapa profesional

En 2011 regresó a Buenos Aires con la decisión de instalarse definitivamente. La ciudad lo había sorprendido desde su primera visita por su mezcla de rasgos europeos, modernidad y accesibilidad

Esta vez llegó con un objetivo concreto: compartir los sabores de Vietnam y Tailandia, y utilizar la experiencia adquirida en ambos países. Comenzó con un restaurante a puertas cerradas, en un momento en que ese formato ganaba popularidad

“No fue fácil al comienzo, pero encontré mucha gente con buena predisposición”, cuenta. Según explica, la gastronomía oriental empezaba a despertar interés entre los argentinos y ofrecía una amplia variedad de combinaciones e ingredientes frescos

Su recorrido dio un giro cuando Pablo Marotta lo convocó para abrir Saigón. El restaurante se convirtió en un punto de referencia y los clientes llegaron a hacer fila en San Telmo para probar sus platos

Más tarde conoció a José Delgado y ambos emprendieron nuevos proyectos. Primero llegó Cang Tin, dedicado a la cocina vietnamita y tailandesa en Palermo, y luego Tony Wu, una cantina china moderna ubicada en Villa Crespo. En esos espacios, la ambientación y la música, acompañada por sus antiguos vinilos, ocupan un lugar central

La cocina como forma de conservar sus raíces

Para Thomas, la elección de los productos es fundamental. Prioriza los ingredientes de temporada y busca que los sabores lleguen al comensal de la manera más fiel posible. Solo reemplaza los productos tradicionales cuando no logra encontrarlos en el mercado

También procura viajar a Vietnam y Tailandia al menos dos veces por año para mantener sus contactos, actualizar sus conocimientos y seguir de cerca los cambios gastronómicos del sudeste asiático

Su historia reúne los recuerdos difíciles de la infancia, las enseñanzas de su abuela, la experiencia como disc jockey y los aprendizajes acumulados en distintos países. En Buenos Aires encontró una manera de unir todas esas etapas mediante la cocina

“Estoy contento, en Buenos Aires descubrí una forma de vida nueva”, afirma. Aunque menciona con humor los inconvenientes cotidianos de la ciudad, sostiene que su experiencia mejoró con el paso de los años

Thomas asegura estar agradecido por la oportunidad de vivir en la Argentina, aunque mantiene un vínculo permanente con su familia y su país de origen. Cada regreso a Asia también representa una posibilidad de aprender y trasladar nuevas ideas a sus emprendimientos

“Estoy muy contento con mi trabajo y con el esfuerzo de acercar la cultura del sudeste asiático a los argentinos. Es una forma de resguardar mi pasado y sentirme más cerca de este país tan generoso con los inmigrantes”, concluye