Entre Cabezón de la Sal y la carretera CA-135 se alza uno de los enclaves forestales más singulares de Cantabria: el Monumento Natural de las Secuoyas del Monte Cabezón. En apenas 2,5 hectáreas reúne 848 ejemplares de secuoya roja, además de 25 pies de Pinus radiata, en un bosque que nació con fines madereros y terminó convertido en un espacio protegido

La plantación conserva árboles con una altura media de 36 metros y un perímetro medio de 1,6 metros. Aunque las secuoyas pueden superar los 100 metros en sus hábitats naturales, las de este monte suelen situarse en torno a los 40 o 50 metros

Un origen forestal muy concreto

La presencia de estas coníferas en la costa cántabra no responde a un proceso espontáneo. El terreno fue repoblado en la segunda mitad de los años cuarenta dentro de una política forestal experimental ligada a la autarquía, orientada a probar especies con valor industrial y crecimiento rápido

Con el paso de las décadas, aquella plantación se transformó en un paisaje excepcional. Hoy el conjunto se encuentra entre los municipios de Cabezón de la Sal y Comillas, en un área pública de producción forestal perteneciente a varios ayuntamientos

Cómo es la visita

El acceso principal está señalizado en la CA-135, en dirección a Cabezón de la Sal. Desde el aparcamiento hay que caminar unos 500 metros por un sendero paralelo a la carretera hasta la entrada del bosque

Desde allí arranca una pasarela de madera de 200 metros, apta para sillas de ruedas y carritos de bebé. Después, el recorrido continúa por terreno boscoso con caminos y algunos escalones. Los perros pueden entrar con correa y, si se quiere avanzar más allá de la pasarela con un bebé, resulta recomendable llevar portabebés

Un bosque de sombra y altura

La densidad de las copas cambia por completo la experiencia del visitante. La luz entra filtrada entre las ramas, el suelo queda casi desnudo y el interior del bosque queda marcado por contrastes de sombra y claridad

Las secuoyas pueden verse en cualquier época del año porque son árboles de hoja perenne. Pertenecen a la familia de las coníferas y destacan por su tamaño, su crecimiento acelerado en los primeros años, de hasta 1,80 metros anuales, y su enorme grosor, que en este bosque puede llegar a dos metros de diámetro, con una corteza de unos 30 centímetros

Algunas secuoyas superan el milenio de vida y hoy se concentran sobre todo en las montañas costeras de California y Oregón. Por eso, encontrar una masa de secuoyas rojas en Cantabria sigue siendo una rareza botánica y paisajística difícil de repetir