Samina Ali sintió desde el comienzo de su embarazo que algo no estaba bien. Tenía 30 años, estaba sana y no veía señales evidentes de riesgo, pero en el séptimo mes aparecieron síntomas cada vez más serios: hinchazón extrema, vómitos y problemas de visión
Los médicos insistían en que todo marchaba bien. Sin embargo, la escritora y su esposo comenzaron a sospechar de una preeclampsia, un trastorno grave del embarazo que puede dañar varios órganos, incluido el cerebro
El parto que cambió todo
Cuando llegó el momento de dar a luz, el dolor se volvió insoportable. Samina recuerda un fuerte dolor en el pecho y en la cabeza, mientras su presión arterial se disparaba. Perdía y recuperaba la conciencia durante las contracciones y, según contó, ya sufría los efectos de un derrame cerebral. El dolor de pecho terminó siendo un infarto
Veinte minutos después del nacimiento, sufrió una convulsión generalizada. Desde ese momento, su memoria quedó interrumpida. Más tarde, ella y su hijo Ishmael fueron trasladados a cuidados intensivos: él con bajo peso y ella en coma, con daño cerebral grave y sostenida por máquinas
Despertar sin recuerdos
Tras cinco días, Samina despertó. Podía reconocer a sus padres y hermanos y hablar en urdu, pero había perdido buena parte del inglés y no recordaba a su marido ni el parto
Su neurólogo creyó que ver a su bebé podría ayudarla. Pero el encuentro fue duro: el niño fue colocado sobre cables y tubos, y ella, sin entender que era su hijo, solo sintió dolor y rechazo
En casa, la recuperación fue lenta y confusa. Samina debía reaprender tareas básicas mientras su cerebro seguía afectado. La convivencia con Ishmael también fue difícil al principio, porque ambos necesitaban cuidados constantes
Reconstruir una vida fragmentada
Seis semanas más tarde, una fotografía de su boda le devolvió parte de la memoria. Ese momento le trajo alivio, pero también la conciencia de todo lo perdido. El matrimonio no sobrevivió al trauma y su regreso al trabajo fue extenuante
Aun así, Samina siguió escribiendo. Cinco años después publicó su novela premiada, un hito en su recuperación. Con el tiempo, también cambió su vínculo con Ishmael: pasó del resentimiento inicial a una relación de cercanía que, según dice, se mantiene hasta hoy
Ahora, casi 30 años después, y con una hija nacida una década más tarde, la autora mira hacia atrás como alguien que logró rehacerse después de perderlo casi todo