El estrés y un estado de ánimo negativo pueden aumentar la tentación de entrar a internet y quedarse allí más tiempo del previsto. Así lo sugiere un estudio realizado con 900 adultos en Alemania, que siguió sus respuestas al final de cada jornada durante 14 días
La investigación asoció el uso problemático de redes sociales, videojuegos y compras en línea, entre otras aplicaciones, con más tensión, peor ánimo y descuido de responsabilidades laborales, académicas y personales
Un ciclo que alimenta el malestar
El comportamiento fue definido como un uso excesivo de aplicaciones que termina generando angustia o dificultades en la vida cotidiana. Según el investigador principal, el estrés y el mal humor aumentan la tentación de conectarse, pero esa conducta también puede reforzar el malestar que la originó
La coautora del análisis señaló que este problema todavía no está clasificado como un trastorno, aunque podría llegar a considerarse como tal. También aclaró que el estudio incluyó solo adultos, por lo que no permite saber si el mismo patrón se repite en niños
Por qué cuesta soltar la pantalla
Especialistas en psicología comparan este tipo de impulso con dinámicas presentes en trastornos alimentarios, adicciones y conductas obsesivas. El mecanismo suele actuar de forma automática: la persona empieza a desplazarse por contenidos casi sin darse cuenta
A eso se suman otros factores. Pasar mucho tiempo frente a pantallas reemplaza el movimiento físico, favorece el cansancio y puede intensificar la sensación de saturación cuando se alternan mensajes, correos y redes sociales
Las interacciones digitales también suelen ser menos cuidadas que las presenciales, y las publicaciones filtradas o seleccionadas de otras personas pueden alimentar comparaciones incómodas. En paralelo, las amistades y los vínculos cercanos suelen fortalecerse mejor cara a cara
Identificar el momento de quiebre
Las discusiones estresantes, el agotamiento y la sensación de estar sobrepasado aparecen entre los disparadores más frecuentes del impulso de conectarse. Reconocerlos a tiempo puede ayudar a responder con más recursos
Una vez que una persona identifica con claridad cuándo aparece esa urgencia, queda en una mejor posición para enfrentarla y no actuar de manera automática
Pausas breves para cortar la inercia
Entre las estrategias sugeridas figura esperar cinco minutos antes de abrir internet cuando aparezca la necesidad de usarlo para aliviar una emoción negativa. Durante ese lapso, conviene hacer ejercicio, escuchar música o relajarse
Si el impulso vuelve, se puede sumar otros cinco minutos de espera. También ayuda planificar bloques sin pantallas, aunque sean cortos, para volver a vincularse con actividades presenciales
Quienes lograron reducir ese uso constante suelen reportar más atención al entorno, más momentos al aire libre, más movimiento y más tiempo para compartir con familiares y amigos. La terapia también puede ser una herramienta útil para sostener ese proceso
El impulso, advierten los especialistas, quizá no desaparezca por completo. Pero con práctica puede perder intensidad hasta quedar como un pensamiento pasajero, más fácil de reconocer y dejar pasar