Los arrecifes de coral del Pacífico de Costa Rica enfrentan condiciones adversas por el calentamiento superficial asociado al fenómeno de El Niño 2026-2027. El estrés térmico puede provocar blanqueamiento, debilitamiento y, si se prolonga, la muerte de los corales
Ante este escenario, un proyecto de restauración ambiental en Isla Tortuga, en el Golfo de Nicoya, trasladó 2.700 corales cultivados. Las estructuras fueron movidas desde cinco metros de profundidad hasta otras ubicadas a 13 metros, donde se busca reducir la exposición a las temperaturas más elevadas de la superficie
El calor rompe una alianza vital
Los corales mantienen una relación simbiótica con algas microscópicas llamadas zooxantelas. Estas viven en sus tejidos y producen, mediante la fotosíntesis, una parte fundamental de la energía que necesitan los corales. Más del 90% de sus nutrientes y energía proviene de esta asociación
Cuando el agua permanece demasiado caliente, la relación se altera y el coral puede expulsar las algas. Como consecuencia, pierde su coloración y comienza el blanqueamiento. Un coral blanqueado no está necesariamente muerto: si la temperatura vuelve a niveles adecuados, algunos ejemplares pueden recuperar sus algas simbióticas. Si el calentamiento continúa, aumenta el riesgo de deterioro permanente y mortalidad
Restauración suspendida y monitoreo reforzado
Mientras persistan las condiciones desfavorables, el equipo suspendió temporalmente la siembra de nuevos corales, la jardinería coralina, la fragmentación y la instalación de estructuras. La medida busca evitar que las intervenciones añadan estrés a los organismos
Al mismo tiempo, se intensificaron los controles sobre la temperatura, la salinidad y otras características fisicoquímicas del agua. Estos datos permitirán evaluar la respuesta de los corales a la nueva profundidad y definir cuándo sería adecuado reanudar las labores de restauración
Un impacto que alcanza a la costa
Los arrecifes ofrecen refugio, alimento y zonas de reproducción para peces y otros organismos marinos. Su deterioro puede alterar la biodiversidad y las condiciones de vida de las especies que dependen de ellos
La pérdida de estos ecosistemas también amenaza actividades vinculadas con la salud del mar, como la pesca y el turismo. Además, los arrecifes pueden actuar como barreras naturales que reducen parte de la energía del oleaje y ayudan a proteger sectores costeros