Si la idea es desconectarse después de un día pesado, muchas personas recurren al teléfono, a las redes sociales, a los juegos o a las compras en línea. Pero esa pausa no siempre funciona como alivio: en algunos casos, puede sumar más tensión
Una investigación publicada en PLOS One encontró que quienes tienen un uso problemático de internet suelen sentirse más estresados, con el ánimo más bajo y con más ganas de seguir navegando que el resto de los usuarios
Los autores definen ese comportamiento como aquel que genera malestar importante o termina desplazando áreas centrales de la vida, como el trabajo o las relaciones personales
Un ciclo que se retroalimenta
La hipótesis de los investigadores es que se forma una dinámica difícil de cortar: cuando alguien está de mal humor, intenta regularse con internet; si eso no alcanza, vuelve a buscar más contenido y pasa aún más tiempo conectado
Según explicaron, el alivio puede ser breve. Un video divertido o una distracción puntual pueden mejorar el momento, pero el entorno digital también expone a noticias angustiantes, comparaciones sociales y contenidos que aumentan la incomodidad
A eso se suma otro problema: cuanto más tiempo se pasa en línea, más probabilidades hay de dejar de lado el descanso, los pasatiempos, la vida social o incluso el trabajo
Qué mostró el estudio
El trabajo incluyó entrevistas a 900 personas sobre sus hábitos con juegos, pornografía, compras y redes sociales. Después, durante 14 días, respondieron encuestas nocturnas sobre su ánimo, el estrés del día y el tiempo conectado
Los participantes fueron clasificados como usuarios no problemáticos, de riesgo o patológicos. El grupo con uso problemático tendió a pasar más tiempo en línea y mostró más señales de descuido en otras áreas de la vida cotidiana
Los investigadores aclararon que el tiempo de uso no es necesariamente un problema si existe control sobre el comportamiento y no se abandonan otras responsabilidades
Por qué cuesta soltarse
Parte del atractivo de las redes y los juegos está en la incertidumbre. A veces aparece algo entretenido; otras, no. Esa mezcla de recompensa y sorpresa mantiene la atención y dificulta cortar
Además, las plataformas están diseñadas para seguir captando interés y explotan el temor a perderse algo. Por eso, la decisión de dejar el teléfono suele ser más difícil de lo que parece
Estrategias para bajar el uso
Los investigadores sugieren pensar primero en qué se haría con ese tiempo liberado. Tener un plan concreto ayuda más que limitarse a intentar no usar el celular
También recomiendan poner distancia física con el dispositivo: dejarlo en otra habitación, borrar aplicaciones o usar bloqueadores que obliguen a frenar antes de abrirlas
La idea, explican, es interrumpir el impulso automático y recuperar una decisión consciente sobre cuándo y para qué conectarse