Emma Morano nació el 29 de noviembre de 1899 en la región italiana del Piamonte y murió el 15 de abril de 2017, a los 117 años. Fue considerada la última persona viva nacida en el siglo XIX
A lo largo de su vida presenció grandes transformaciones históricas: dos guerras mundiales, el desarrollo de nuevas tecnologías, cambios en el papado y el paso de más de 90 gobiernos italianos
Una vida marcada por pérdidas y autonomía
Morano perdió a su único hijo y describió su matrimonio como una relación abusiva. Se separó en 1938 y decidió permanecer soltera durante el resto de su vida, una elección que vinculaba con su deseo de evitar lo que definía como “el dominio ajeno”
Según su propio relato, se había casado a los 26 años después de recibir amenazas de muerte. Tras la ruptura, sostuvo su independencia hasta el final de su vida
Huevos, grappa y una explicación personal
Después de la Primera Guerra Mundial, un médico le indicó que comiera huevos a diario tras diagnosticarle anemia. Morano mantuvo esa costumbre durante aproximadamente nueve décadas
Durante la mayor parte de ese período consumía tres huevos por día, dos de ellos crudos. En sus últimos años redujo la cantidad a dos unidades diarias
También preparaba grappa en su casa. Para hacerlo, colocaba la bebida en un frasco con siete hojas de salvia, un racimo de ruda y unas uvas, y luego tomaba una cucharada después de comer
Morano atribuía su longevidad a esa alimentación, a la soltería y a la genética. Su madre vivió hasta los 91 años y varias de sus hermanas superaron los 100
Su caso excedió ampliamente la esperanza de vida promedio de Italia, estimada en alrededor de 84 años. Sin embargo, el relato de sus hábitos describe su experiencia personal y no demuestra que alguno de esos factores haya sido la causa de su longevidad