Emma Roberts y Cody John celebraron su boda en Sun Valley, Idaho, con una estética atravesada por el imaginario de Old Hollywood. La ceremonia combinó elegancia clásica, referencias vintage y una cuidada puesta en escena que convirtió la moda en uno de los grandes ejes del fin de semana

Un vestido hecho para parecer salido de otra época

La protagonista llegó al altar con un diseño creado especialmente por Monique Lhuillier. La prenda, confeccionada en gasa de seda, buscó un efecto etéreo y romántico, con un tono exclusivo bautizado Vintage Rose, un blanco envejecido que reforzó la idea de una pieza casi heredada

El vestido incorporó corset interno, una abertura amplia en la falda para facilitar el movimiento y un chal asimétrico desmontable que permitió transformar el look después de la ceremonia. El trabajo demandó nueve meses y alrededor de mil horas de confección para lograr una pieza adaptable a distintos momentos del día

El estilismo se completó con dos velos: uno largo y transparente, de aire clásico, y otro más corto, con guiños a Old Hollywood, que podía ubicarse hacia atrás como una vincha. Para la fiesta, Roberts eligió un segundo vestido negro de archivo, también de Monique Lhuillier, de la colección otoño 2004, con corset de encaje Chantilly y falda midi de organza de seda en capas

Una celebración pensada como experiencia

La boda se realizó en la residencia familiar del novio, rodeada de montañas y naturaleza. La elección del lugar respondió al vínculo de la familia de Cody John con la zona y a la intención de que la celebración transmitiera cercanía, descanso y exclusividad

La organización estuvo a cargo de Heather Minor Events. Las invitaciones incluyeron ilustraciones personalizadas inspiradas en postales kitsch de los años 60, mientras que los obsequios para los invitados sumaron bolsos personalizados, barajas de cartas y caramelos

La pareja también cuidó cada instancia previa y posterior a la ceremonia. La cena de ensayo tuvo lugar en The Kneadery y el evento de bienvenida se realizó en Roundhouse, un restaurante en la cima de una montaña al que solo se accede en góndola. Allí, los asistentes disfrutaron de vistas panorámicas de Sun Valley

La ambientación sumó mesas rústicas, servilletas con volados y tarjetas de cobre con los nombres de cada invitado. Durante la ceremonia, los arreglos florales orgánicos de Bloom Theory y el sonido de un arroyo cercano completaron un escenario natural y refinado

Lujo relajado y cierre musical

La noche terminó con la banda Metro Music Club interpretando “Iris”, de Goo Goo Dolls. Después, los invitados continuaron la celebración en The Cellar, donde la novia sirvió shots de gelatina rosa personalizados. Al día siguiente, la reunión siguió en Grumpy’s, en un clima más distendido pero todavía marcado por la misma estética cuidada

La boda dejó una imagen clara: una celebración donde el lujo, la artesanía y la inspiración vintage convivieron con una idea muy precisa de modernidad. En ese cruce, el vestido, la ambientación y cada detalle ayudaron a construir un casamiento con identidad propia