Marco Antonio Morán, licenciado en Estudios Socioculturales y con formación pedagógica, dejó las aulas en Guantánamo y hoy se gana la vida limpiando, blanqueando y restaurando ollas, calderos, sartenes y otros recipientes de cocina
El exprofesor explicó que se apartó de la enseñanza porque ya no se reconocía en el sistema educacional y sintió que había cambiado por completo respecto de los principios con los que se formó
Una jornada enteramente manual
Su trabajo empieza cerca de las siete de la mañana y se extiende mientras haya luz solar. Todo el proceso lo realiza a mano, con herramientas rudimentarias y sin maquinaria eléctrica
Morán dijo que recibe encargos de distintos tamaños y que, en ocasiones, un joven lo ayuda de manera esporádica mientras aprende el oficio
Ingresos insuficientes
Aunque asegura que no le falta trabajo, sostiene que lo que gana no cubre sus necesidades básicas. Según contó, algunos días obtiene entre 300 y 400 pesos cubanos por jornada, una suma que debe repartir entre comida, medicamentos y otros gastos domésticos
También afirmó que padece nódulos en el hígado y el páncreas, además de una afección digestiva. A eso, dijo, se suma el desgaste físico de una labor que le exige muchas horas de esfuerzo
Cocinar con lo que haya
La falta de recursos también golpea su vida en casa. Morán contó que cocina en un fogón improvisado en el portal de su vivienda y que recurre a leña porque no siempre puede comprar carbón
Según su testimonio, ha usado partes de muebles, marcos de puertas, hojas de persianas y madera recogida en la calle para poder encender el fuego. Incluso afirmó que en alguna ocasión cocinó con libros
El exdocente resumió su recorrido como una “metamorfosis invertida”, una frase con la que describió el paso de una etapa que considera mejor a otra marcada por el trabajo informal y la dificultad para sostener lo básico