Desde niño, Ezequiel Ferreira sentía curiosidad por la forma en que su pediatra observaba cada síntoma y buscaba respuestas. Aunque en su familia no había médicos y conocía las exigencias de la carrera, decidió estudiar Medicina en la Fundación Barceló

Con el tiempo descubrió que su vocación no se limitaba al conocimiento científico. También quería acompañar a las personas en momentos de vulnerabilidad y ofrecerles una ayuda concreta. Se graduó en 2009, luego de aprobar el examen final de cirugía en el Hospital Tornú

Más adelante se especializó en medicina laboral, medicina legal y cirugía capilar. En 2023 se mudó a Barcelona junto con su esposa y sus dos hijos por una propuesta de trabajo. Allí continuó ejerciendo su profesión

Un infarto que anticipó el diagnóstico

El 23 de noviembre de 2025 sufrió un infarto en la arteria femoral derecha. La emergencia puso en riesgo su vida y también la posibilidad de conservar la pierna. La intervención médica permitió estabilizarlo, aunque todavía no se sabía que el episodio estaba relacionado con una enfermedad oncológica

Un mes después aparecieron fiebre persistente, sudoración nocturna, una pérdida importante de peso y un ganglio visible, pero sin dolor, en el cuello. Tras ser internado y someterse a numerosos estudios, recibió el diagnóstico 45 días después del comienzo de los síntomas: linfoma de Hodgkin en estadio IV

Su formación médica le permitió comprender el tratamiento y sus etapas, pero también lo enfrentó a información que alimentaba sus temores. Para atravesar la enfermedad tuvo que dejar de analizar cada escenario como profesional y aceptar el cuidado del equipo que lo atendía

Convertirse en paciente también modificó su mirada sobre la medicina. La experiencia le mostró que la enfermedad no distingue profesiones ni títulos y que el miedo, la incertidumbre y la necesidad de contención son comunes a todas las personas

Doce sesiones y una estrategia para resistir

El tratamiento incluyó 12 quimioterapias con el protocolo N-AVD, administradas cada 15 días. Ferreira encaró cada sesión como una etapa más de una carrera de larga distancia, apoyado en tres aspectos: una alimentación cuidada y actividad física adaptada, el acompañamiento emocional de sus seres queridos y la oración

El 17 de julio completó la última sesión. Luego, un estudio realizado el 11 de agosto no mostró células activas y confirmó la desaparición de las masas ganglionares ubicadas por encima y por debajo del diafragma, además de las lesiones en el hígado y el pulmón

Sin embargo, algunos ganglios milimétricos en la ingle llevaron a su oncóloga a mantener la cautela antes de confirmar una remisión completa. El próximo control está previsto para noviembre

De la experiencia personal al acompañamiento

Durante el proceso, Ferreira comenzó a compartir en Instagram contenidos sobre salud y su propia experiencia con el cáncer. Su comunidad pasó de unas 3.000 personas a más de 35.000, y recibió mensajes de pacientes y familiares que buscaban información, apoyo y esperanza

También se incorporó como voluntario de la Asociación Civil Linfomas Argentina. Desde esa organización aporta una mirada doble: la de médico y la de sobreviviente, con el objetivo de acercar información y acompañar a quienes atraviesan la enfermedad

Actualmente vive en Barcelona, continúa bajo seguimiento en el Hospital Clínic y retomó su actividad laboral. Para él, volver a la rutina profesional es parte importante de su recuperación física y emocional

La enfermedad, sostiene, le enseñó a prestar más atención al presente, a valorar el tiempo compartido con su familia y a disfrutar de momentos cotidianos. A quienes reciben un diagnóstico similar les recomienda comenzar el tratamiento con una actitud orientada a la recuperación, cuidar la alimentación, mantenerse activos dentro de las posibilidades de cada persona y buscar espacios de calma