¿Cómo se forma a un lector? La respuesta, según tres especialistas del CONICET, combina lenguaje en la primera infancia, trabajo sostenido en la escuela y un acercamiento guiado a textos de mayor dificultad

Lejos de ser una habilidad innata, la lectura se construye con práctica, conversación, vocabulario y comprensión. También depende de las oportunidades que cada niño y cada adolescente tenga para escuchar, preguntar, leer y pensar con otros

El lector empieza a formarse antes de leer

Para Celia Rosemberg, la alfabetización no arranca en primer grado. Comienza mucho antes, en las interacciones cotidianas: cuando un niño escucha palabras, participa en conversaciones, reconstruye relatos, juega con el lenguaje y comparte libros con adultos

La especialista distingue entre leerle un cuento a un chico y leer con un chico. En ese intercambio, el adulto no solo narra: también escucha, repregunta, explica palabras, relaciona la historia con experiencias conocidas y construye el sentido junto con el niño

Rosemberg subraya que la lectura pasiva también tiene valor, pero no alcanza por sí sola. El lenguaje, explica, se desarrolla al usarlo para narrar, explicar, imaginar, argumentar y comprender

También advierte sobre la desigualdad de origen: el contexto socioeconómico no define quién puede ser lector, aunque sí condiciona el acceso a libros, vocabulario y conversación. Por eso plantea que la escuela debe ampliar oportunidades desde el jardín maternal y de infantes con entornos ricos en lenguaje

Leer más no garantiza comprender más

Marina Ferroni pone el foco en la escuela primaria y en un malentendido frecuente: leer con fluidez no equivale a comprender. Para entender un texto, señala, hacen falta vocabulario, procesamiento sintáctico, razonamiento verbal e inferencias

La investigadora remarca el peso de la exposición sostenida a la lectura compartida. Si en sala de 4 se leyera apenas un libro por semana, un alumno podría terminar el primer ciclo de primaria habiendo escuchado unos 180 cuentos. Esa acumulación, sostiene, deja estrategias que después se usan en la lectura autónoma

Ferroni considera que hay señales positivas en la enseñanza de la lectura, con más herramientas basadas en evidencia para docentes. Aun así, insiste en que los cambios requieren tiempo y continuidad

La complejidad también es una oportunidad

José María Gil defiende el valor de acercar a estudiantes a textos exigentes, incluso cuando generan resistencia al principio. En su mirada, una obra densa obliga a sostener la incertidumbre, tolerar no entender del todo y seguir leyendo con atención

El investigador explica que ciertos textos activan múltiples procesos mentales al mismo tiempo: lenguaje literal, inferencias filosóficas, ambigüedad y polisemia. Por eso, leerlos puede resultar incómodo, pero también profundamente enriquecedor

Gil sostiene que la mediación pedagógica cambia por completo esa experiencia. Cuando un docente lee en voz alta, comenta y habilita preguntas sin apurar respuestas, el texto deja de ser una barrera y se vuelve una invitación

En una escuela de un barrio vulnerable de Mar del Plata, observó que estudiantes que al principio consideraban inaccesibles ciertos textos terminaron produciendo resúmenes precisos y elaborados. Para él, el derecho a la literatura compleja no debería quedar reservado a quienes ya tienen un recorrido lector consolidado

En conjunto, las tres miradas coinciden en una idea central: formar lectores no es solo enseñar a descifrar palabras. Es crear condiciones para que el lenguaje, la comprensión y la imaginación crezcan desde temprano y se profundicen a lo largo de toda la escolaridad