En la casa de Franco Kalifon, la pizza no se pedía: se hacía. Su madre amasaba, preparaba la salsa de tomate y mantenía la cocina como parte central de la vida familiar. Ese vínculo temprano con la comida terminó empujándolo a estudiar gastronomía apenas terminó el colegio
La primera gran decisión llegó rápido. Una vacante inesperada le cambió la rutina y lo llevó a aceptar horarios de madrugada, lejos de las salidas de fin de semana. Tenía 20 años y apenas diez minutos para decidir. Eligió quedarse con el trabajo. Dice que ahí encontró una pasión que todavía lo guía
Del pan a una marca propia
Su recorrido empezó entre masas, focaccias y panes de estilo artesanal. Más tarde, ya en otro proyecto, comenzó a desarrollar panes de hamburguesa con una idea clara: que acompañaran al producto sin disputarle el protagonismo
Esa lógica, con manteca de primera calidad y una mirada muy precisa sobre procesos y textura, terminó sosteniendo el crecimiento de Kalis Pan, que hoy opera con una planta de producción de 2000 metros cuadrados en Pacheco
En ese camino apareció también su socio de toda la vida, con quien sostiene tanto el negocio de panes como el de pizzas. La expansión, según cuenta, fue posible por una mezcla de trabajo sostenido, intuición y timing
La apuesta por una pizza distinta
La entrada al mundo de la pizza llegó después de viajes de estudio a Italia y Nueva York, y de una prueba concreta en una feria realizada en 2023. Aquel ensayo, con una combinación de stracciatella, limón y pesto, llamó la atención de inmediato. La reacción del público fue tan fuerte que decidió avanzar con el proyecto
El local se pensó desde el inicio para romper con la idea tradicional de pizzería. Tiene barra, cocina a la vista y un menú breve: solo cuatro variedades. La propuesta se sirve por porción, se pide en fila y sale en apenas cinco a siete minutos
Las opciones son Cheese, pepperoni artesanal, Rojita y Kalis, esta última con pesto de rúcula, stracciatella, ralladura de limón y miel picante. La premisa fue sencilla: pocos sabores, pero ejecutados con precisión total
Materia prima, prueba y error
El desarrollo no fue rápido. Hubo múltiples pruebas, versiones descartadas y un largo trabajo para conseguir ingredientes a la altura de la idea. Kalifon incluso desarrolló su propia mozzarella y su propio pepperoni, además de importar un tomate italiano que había probado en un congreso en Las Vegas
El resultado fue una pizza finita, crocante y jugosa, pensada para comer de pie, en barra o incluso en el auto. El concepto retomó la lógica del mostrador, pero con una estética y una experiencia más contemporáneas
Fila diaria y expansión
La demanda acompañó desde el comienzo. Antes de la apertura formal, el equipo organizó una preventa para 100 personas por día. Luego el ritmo creció con rapidez: pasaron de vender 600 porciones a unas 1500 actuales, con filas todos los días
La marca también empezó a acumular visibilidad afuera. Kalis Pizza aparece en el puesto número ocho a nivel mundial según Time Out, y a fines de junio Kalifon fue ubicado en el puesto 45 entre los mejores pizzeros del mundo en The Best Pizza Awards
Con el local ya consolidado, el próximo paso sería sumar el almuerzo. Si el plan se cumple, la apertura al mediodía llegaría en los primeros días de agosto, junto con pequeños ajustes en el menú
Kalifon resume su recorrido como una sucesión de apuestas que lo fueron empujando hacia adelante. De aquellas madrugadas en la panadería a la pizza de Núñez que hoy convoca filas, su historia quedó marcada por una idea constante: hacer pocos productos, pero hacerlos muy bien