El hígado graso es una acumulación anormal de triglicéridos dentro de las células hepáticas. Puede presentarse tanto en personas que consumen alcohol como en quienes no lo hacen, y su avance puede derivar en inflamación, fibrosis, cirrosis, hepatitis o insuficiencia hepática

Entre los factores de riesgo más frecuentes figuran el sobrepeso, la obesidad, la resistencia a la insulina, la predisposición genética, la diabetes tipo 2 y los triglicéridos elevados en sangre. En los casos más avanzados, la cirrosis altera de manera permanente la estructura del tejido hepático

El cambio de hábitos sigue siendo central

Frente a este cuadro, la recomendación médica suele incluir control del peso, actividad física regular y una alimentación saludable, con menos bebidas alcohólicas y azucaradas. También se sugiere sumar frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables

El papel del magnesio

Un estudio reciente publicado en una revista especializada en endocrinología, diabetes y metabolismo halló que el magnesio podría ayudar a combatir la esteatosis hepática. Según la investigación, aumentar su ingesta se asoció con una reducción significativa del colesterol, un marcador relacionado con el desarrollo del hígado graso

El trabajo también plantea que este mineral contribuiría a regular el metabolismo de la glucosa y de los lípidos, además de disminuir la inflamación en el tejido hepático afectado

Qué alimentos lo aportan

Para sumar magnesio a la dieta, se destacan verduras de hoja verde como espinaca, acelga y kale, además de frutos secos como almendras, nueces y pistachos

Las legumbres, entre ellas lentejas, garbanzos y porotos, también aportan este nutriente, al igual que cereales integrales como avena, arroz integral y quinoa

Su incorporación al plan alimentario, siempre con supervisión profesional y acompañada por cambios en la actividad física, puede ser una herramienta útil para favorecer la salud hepática