Una vida pensada para depender menos

A los 22 años, Iker cambió por completo su rutina y se instaló en una casa entre las montañas. Aunque no creció en el campo ni tenía experiencia previa con ganado, fue preparando esa mudanza durante años con una idea fija: vivir con más autonomía y menos dependencia de la ciudad

Su casa no está conectada a la red eléctrica, por lo que armó un sistema de paneles solares junto a su primo. También resolvió el acceso al agua con un pozo propio y con la recolección de lluvia a través de canalizaciones que luego filtra antes de consumirla

Aprender haciendo, todos los días

La adaptación no fue inmediata. Antes de dejar la ciudad, ya intentaba acercarse a hábitos rurales: compraba leche y huevos a productores pequeños, pasaba tiempo en espacios verdes y buscaba incorporar costumbres que después trasladó a la montaña

Hoy su jornada empieza temprano. Revisa los corrales, controla la comida y limpia los bebederos de cabras, patos, gallinas y un cerdo. Cuando las cabras dan leche, también ordeña a mano por la mañana

Después dedica el resto del día a tareas físicas que cambian según la estación: corta leña, repara cercos, poda olivos y trabaja en su huerta para producir frutas y verduras

Trabajo rural y negocio online

Además del trabajo en la finca, Iker conduce junto a su hermano gemelo un proyecto comercial por internet que gestiona desde el mismo lugar. Ese ingreso le permite sostener la propiedad, comprar insumos y mantener su forma de vida

Según explicó, no hay atajos ni dinero fácil: el trabajo remoto también exige constancia. A futuro, planea sumar más animales, ampliar los cultivos, elaborar quesos artesanales y mejorar la infraestructura de la casa