Las autoridades iraníes muestran una imagen de cohesión frente a la escalada militar, con ataques crecientes contra bases de Estados Unidos y sus aliados. El mensaje dominante es resistir y demostrar que Irán puede soportar más presión que Washington y sus socios

Pero detrás de esa apariencia común conviven dos estrategias enfrentadas. Un sector ultrarradical rechaza cualquier negociación con Estados Unidos y empuja por una victoria total. Otro, más pragmático, cree que la presión militar debe servir para obtener un acuerdo que alivie el costo económico y social de la guerra

La pulseada por el objetivo final

El ala dura, identificada con el movimiento Paydari, busca afianzar el control de la República Islámica sobre la sociedad y cerrar la puerta a concesiones. En cambio, el espacio alineado con el presidente Masoud Pezeshkian y con el jefe del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, sostiene que la negociación puede ser una herramienta política para forzar una salida favorable

La disputa también expresa una pelea por el poder en la etapa posterior al conflicto. En el centro de esa incertidumbre aparece el nuevo líder supremo, el ayatolá Mojtaba Khamenei, cuyo posicionamiento real sigue sin estar claro

Señales de tensión dentro del poder

El acuerdo de alto el fuego alcanzado en abril con Estados Unidos había recibido un respaldo amplio en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, con 12 de 13 votos a favor. Sin embargo, el pacto se desmoronó cuando continuaron los intercambios de ataques y no se cumplieron las promesas financieras, entre ellas la liberación de activos congelados

Sin esos beneficios, la dirigencia iraní volvió a endurecer su postura. La lectura compartida por varios funcionarios es que solo una posición de fuerza puede obligar a Washington a ceder

Presión en la calle y en los medios

Los sectores más duros también buscan marcar el tono interno. En actos públicos y en la televisión estatal, se multiplicaron los mensajes contra cualquier negociación y a favor de una victoria total. Las manifestaciones de duelo por las muertes vinculadas a la guerra sirvieron además para exhibir respaldo a la línea más radical

La tensión alcanzó a la propia comunicación oficial. En distintos momentos, la televisión estatal interrumpió discursos de dirigentes que defendían conversaciones con Washington. Desde el gobierno, esa conducta fue leída como una forma de profundizar la división en plena guerra

Además, las autoridades cerraron por un tiempo cafeterías populares en Teherán donde se habían visto gestos de relajación social durante el alto el fuego, incluidas mujeres que desafiaban la obligación del velo. Para voces reformistas, fue una señal del empuje de los sectores religiosos más extremos

La economía empuja al pragmatismo

El campo más moderado advierte que la unidad interna no puede sostenerse sin atender el malestar económico. La moneda sigue debilitándose, la inflación avanza y el desempleo sube, mientras la sociedad siente el peso de años de sanciones y confrontación

En julio, más de 250 figuras públicas firmaron una petición contra la guerra y reclamaron paz y una vida digna. También hubo críticas al aumento de las ejecuciones de manifestantes y advertencias de que el conflicto está erosionando la cohesión social

Para los pragmáticos, un acuerdo final podría abrir una ventana de alivio con el levantamiento de sanciones y el regreso de miles de millones de dólares en activos. Pero la disputa de fondo sigue abierta: cómo terminar la guerra y quién controlará Irán después