Kentucky, en Estados Unidos, logró uno de los casos más exitosos de restauración de fauna en el este del país. Entre 1997 y 2002, las autoridades trasladaron 1541 alces desde seis estados del oeste hacia la región de Cumberland Plateau
Casi 30 años después, la población llegó a unos 13.000 ejemplares, una cifra que convirtió a esta manada en la mayor al este de las Montañas Rocosas
Minas abandonadas, un hábitat inesperado
La clave estuvo en las antiguas minas de carbón a cielo abierto. Tras la explotación, la ley federal obligó a revegetar esos terrenos con pastos resistentes. Con el paso del tiempo, esas áreas abiertas ofrecieron condiciones ideales para una especie que necesita amplios espacios para alimentarse
En lugar de bosques densos, los alces encontraron praderas y forraje abundante, mientras los bordes arbolados les brindaron refugio. La transformación del paisaje, producto de la actividad minera, terminó favoreciendo su expansión
Crecimiento rápido y control de la población
La ausencia de grandes depredadores y los inviernos suaves impulsaron la reproducción de la especie. Frente a ese crecimiento, el estado autorizó la caza regulada desde 2001 para mantener el equilibrio poblacional y generar ingresos
La lotería anual de permisos convoca a miles de aspirantes y produce millones de dólares que también benefician a comunidades afectadas por el declive del carbón
Un modelo que se expandió
El plan no solo consolidó la presencia del alce en Kentucky: el estado pasó de recibir animales a aportar ejemplares para proyectos en Wisconsin, Virginia, Missouri y Virginia Occidental
En 2023, la labor recibió un reconocimiento nacional por restauración de vida silvestre. Aun así, los especialistas advierten que estas antiguas minas no son ecosistemas plenamente recuperados y requieren manejo constante para sostener los pastizales, controlar arbustos, reducir choques con vehículos y monitorear enfermedades
Hoy, los alces se mueven por 16 condados y forman parte de una nueva identidad regional, en una zona que antes dependía del carbón y ahora también encuentra valor en el turismo de observación de fauna