La impresión 3D dejó de ser una curiosidad de laboratorio para empezar a ganar terreno en obras de mayor escala. En distintos países ya se usan impresoras de hormigón para levantar locales, estaciones y viviendas, y esa tendencia también empieza a instalarse en la Argentina

Mateo Salvatto, cofundador de Grondplek, aseguró que su empresa busca imprimir las primeras casas 3D del país. Durante una exposición en el 11° Summit de Real Estate, afirmó que una vivienda de 120 metros cuadrados puede tener lista su obra gris en 48 horas

Qué hace la empresa

La startup desarrolla soluciones para proyectos urbanos y rurales, estaciones modulares, residencias y construcciones corporativas. Según Salvatto, el trabajo que ofrecen abarca la envolvente de la casa y la obra blanca, con un costo promedio que oscila entre US$700 y US$750 por metro cuadrado

El empresario señaló que la llegada formal de esta tecnología al país está cerca. El paso pendiente, explicó, es contar con una máquina pensada exclusivamente para fabricar viviendas, algo que ya está en proceso de incorporación

Cómo funciona el sistema

La impresora que utilizan mide aproximadamente 11 metros de ancho por 11 de largo y 7 de alto. Trabaja con concreto preparado a partir de cemento y un pequeño porcentaje de aditivos. Ese material sale desde una planta mezcladora compacta, pasa por una bomba y llega al cabezal que deposita la mezcla capa por capa

Salvatto describió el resultado como un bloque monolítico de hormigón hecho en el mismo terreno, sin necesidad de traslado. La máquina, dijo, se monta en unas cuatro horas y luego comienza a imprimir directamente sobre la obra

Según el emprendedor, las estructuras obtenidas son antisísmicas, tienen doble pared con cámara de aire y permiten aprovechar mejor el espacio gracias a diseños con curvas y contracurvas. También destacó que el desperdicio de materiales baja porque el sistema usa solo el concreto necesario en cada etapa

Qué parte de la obra resuelve

La impresora se encarga únicamente de la obra gris: estructura, paredes, escaleras, canteros e incluso mesadas. Después siguen las terminaciones, las instalaciones y los detalles finales, tareas que todavía requieren intervención humana

Salvatto remarcó que la tecnología no apunta a reemplazar trabajadores, sino a modificar sus funciones. La operación, la supervisión y las terminaciones siguen dependiendo de personas, mientras que la máquina reduce las tareas más pesadas

Uso más allá de la vivienda

El alcance no se limita al mercado residencial. También puede aplicarse en ingeniería civil y minería, donde funciona como una especie de fábrica portátil de premoldeados que solo necesita nivelarse sobre el terreno para empezar a operar

La limitación actual está en la altura: el modelo que usa Grondplek permite llegar hasta tres plantas. Aun así, el sector sigue evolucionando y ya aparecen equipos con guías horizontales capaces de imprimir unidades en serie

De una idea a un negocio regional

Salvatto contó que su entrada al rubro fue accidental, a partir de un video sobre impresión 3D aplicada a la construcción. Después viajaron por Europa para conocer fabricantes y terminaron eligiendo una máquina desarrollada en Copenhague por Cobod, firma de la que luego se convirtieron en distribuidores para la Argentina, Uruguay y Paraguay

El emprendimiento comenzó en 2021, pero recién en 2025 encontraron una empresa dispuesta a apostar por el proyecto. Desde entonces, según datos de la compañía, ya imprimieron más de 500 metros cuadrados de hormigón, produjeron más de 1400 piezas y redujeron en 35% el tiempo de obra gris

Para Salvatto, la decisión de traer esta tecnología al país responde a una apuesta de largo plazo: impulsar empleo, ampliar la capacidad productiva y sumar una nueva herramienta para construir más rápido