Las ciudades pueden compartir formas y, al mismo tiempo, conservar gestos que las vuelven irrepetibles. Una escena de Bogotá condensa esa tensión en pocos elementos
Un guardia de seguridad atraviesa la calle. No se sabe si se dirige a su trabajo o si vuelve a casa. Cerca de él, un grafiti introduce un contrapunto cuyo significado no resulta evidente
El frente de un posible comercio completa la imagen. El local parece cerrado y de sus ventanas y portón cuelgan zapatos y botas de distintos tamaños y colores
La decoración sugiere una cafetería cuyo lema sería “dejando huellas”, aunque nada permite explicar con certeza el motivo de esa elección. No parece tratarse de una zapatería que anuncia su actividad mediante un objeto alusivo
La escena conserva su atractivo precisamente porque no se deja descifrar por completo. Vista desde una mirada extranjera, su sencillez se convierte en una fuente de preguntas