WADDINXVEEN, Países Bajos. Jeroen Wouda y Dirk Boom avanzan despacio sobre un dique neerlandés y revisan con varillas metálicas una superficie reseca, en busca de grietas o señales de filtraciones. La escena resume una preocupación creciente en un país construido a fuerza de ingeniería hidráulica: la sequía está debilitando sus defensas contra el agua
La ola seca que golpea a Europa ya alimentó incendios en Francia y España y llevó al Danubio y al Rin a niveles inusualmente bajos. En Países Bajos y Alemania, eso afecta tanto a la seguridad de los diques como al transporte fluvial, una pieza central del comercio regional
Diques más frágiles por falta de humedad
En las zonas interiores neerlandesas, muchos diques están hechos de turba, un material que necesita humedad para conservar su resistencia. Cuando el suelo se seca, pierde firmeza y aumenta el riesgo de filtraciones hacia los pólderes, las tierras recuperadas al agua
En la región de Schieland en Krimpenerwaard, un equipo de 140 voluntarios recorre unos 100 kilómetros de diques para detectar problemas. Por ahora no se registraron daños graves, pero la vigilancia seguirá durante el verano y probablemente también en otoño
La amenaza es más seria en los puntos más bajos del país, donde el terreno está varios metros por debajo del nivel del mar. Allí, la deshidratación del suelo puede convertir una barrera estable en una estructura vulnerable
El Rin, cada vez más bajo
El descenso del caudal también golpea al transporte. En Colonia, el nivel del Rin cayó por debajo del récord mínimo marcado en octubre de 2018. En algunos tramos, el río ya no permite que los buques carguen su capacidad habitual
Un barco que normalmente transporta entre 2.000 y 2.500 toneladas hoy puede llevar apenas entre 400 y 600, según su diseño. Eso obliga a reorganizar toda la cadena logística para mover la mercadería tierra adentro sin encallar en canales someros
En Nijmegen, sobre el brazo principal del Rin, el Waal, aparecen objetos expuestos por el retroceso del agua y algunas casas flotantes quedan casi varadas sobre el lecho arenoso. Para varios dueños, la escena ya se repite con más frecuencia y durante más tiempo que antes
Un equilibrio cada vez más difícil
Países Bajos vive una tensión permanente entre evacuar agua en invierno para evitar inundaciones y conservar reservas suficientes para el verano, cuando hacen falta para cultivos y canales
Especialistas en gestión hídrica advierten que la distribución estacional es el problema central: el agua existe, pero no siempre está disponible cuando la tierra la necesita. Por eso se estudian soluciones simples, como frenar el escurrimiento con vegetación o transformar el suelo para que retenga más humedad
En el oeste del país, las zonas ganadas al mar también sufren salinización durante las sequías, lo que complica a los productores de frutas y verduras. En algunas áreas ya se prohibió bombear agua de canales para riego
Para los agricultores, el impacto es inmediato: menos agua, menor cosecha y precios al alza. Para el sistema de defensa contra inundaciones, la advertencia es más estructural: una sequía prolongada también puede erosionar la base misma del país bajo el nivel del mar