La Torre Eiffel registró un crecimiento de 10 centímetros durante la fuerte ola de calor que elevó las temperaturas en Europa. El cambio fue transitorio y responde a un comportamiento físico esperable en estructuras metálicas expuestas a altas temperaturas
El efecto del calor sobre el hierro
El monumento está construido con unas 7.300 toneladas de hierro pudelado. Cuando el metal recibe calor intenso, se expande; al bajar la temperatura, vuelve poco a poco a sus medidas habituales
Ese principio fue contemplado desde el diseño de la torre, levantada a fines del siglo XIX, por lo que la variación no implica ninguna anomalía ni afecta su funcionamiento
Una ligera inclinación diaria
Además de cambiar levemente de altura, la torre puede inclinarse de manera casi imperceptible a lo largo del día. Esto ocurre porque una cara de la estructura recibe más radiación solar que la otra y la dilatación no es uniforme
El desplazamiento es mínimo y no representa riesgo para los visitantes ni compromete la estabilidad del monumento
Un fenómeno habitual en grandes estructuras
La situación volvió a llamar la atención en medio de temperaturas cercanas a los 40 °C en París y de alertas emitidas en varios países europeos por los efectos del calor extremo, incluidos riesgos para la salud, incendios forestales e impactos sobre la infraestructura
Con una altura de unos 330 metros, incluida la antena superior, la Torre Eiffel es sometida a controles y mantenimiento periódicos. La dilatación térmica, explican los especialistas, es un proceso común en puentes, vías férreas y edificios, que deben proyectarse teniendo en cuenta los cambios provocados por el calor y el frío