A los 94 años, Luis de la Fuente continúa estudiando y escribiendo. Considerado una figura pionera de la cardiología intervencionista argentina, sostiene que la medicina avanzó de manera extraordinaria, aunque todavía enfrenta un desafío decisivo: que los pacientes reciban atención especializada sin demoras ante una emergencia cardiovascular

“Las arterias coronarias miden apenas entre 2 y 3 milímetros de diámetro”, explica. Las técnicas mínimamente invasivas redujeron de forma significativa la mortalidad, pero su eficacia depende, en buena medida, de que la intervención se realice a tiempo

Una trayectoria ligada a la innovación

De la Fuente recibió en 2002 el reconocimiento formal como primer Maestro de la Cardiología Intervencionista en la Argentina. Su recorrido incluye la introducción del cateterismo coronario en el país, en 1966, además del desarrollo de angioplastias y del uso de stents coronarios

En 1999 participó del primer caso documentado de utilización de un stent liberador de fármacos, una innovación que mejoró los resultados terapéuticos. También trabajó junto con otros especialistas en el estudio del seno coronario, considerado la quinta cavidad cardíaca, y diseñó una técnica para crear neoarterias a partir de células madre obtenidas de la piel del paciente

A lo largo de su carrera organizó áreas de atención cardiovascular en el Sanatorio Güemes, la Clínica Suizo Argentina y el Instituto de Diagnóstico y Tratamiento. Además, fue cofundador de la Fundación Favaloro y desarrolló actividad profesional en distintos países de Europa y en Estados Unidos

Entre sus pacientes hubo presidentes, deportistas de elite, príncipes, escritores y artistas. Sin embargo, al repasar su trayectoria, destaca como su mayor satisfacción haber ayudado a millones de personas y haber formado a nuevas generaciones de profesionales

Formación médica y acceso a los tratamientos

El especialista afirma que la cardiología intervencionista argentina se encuentra al nivel de los mejores centros internacionales. Al mismo tiempo, considera que los nuevos procedimientos cardiovasculares deberían ocupar un espacio más importante en la carrera de Medicina

También plantea que los médicos generalistas y de familia necesitan una actualización permanente. Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo una de las principales causas de consulta y mortalidad, por lo que el conocimiento debe alcanzar a todos los niveles del sistema sanitario

La expansión del cateterismo transformó procedimientos que antes requerían grandes cirugías abiertas. Esa revolución se extendió a áreas como la neurorradiología, la reparación de válvulas cardíacas y el tratamiento de enfermedades de la aorta

La tecnología no reemplaza la prevención

Para De la Fuente, los avances tecnológicos no son suficientes por sí solos. La rapidez con que una persona identifica los síntomas y busca ayuda puede ser determinante para el resultado del tratamiento

Las angioplastias y los stents contribuyeron a reducir la mortalidad cardiovascular, pero no sustituyen la consulta oportuna ni los controles preventivos. Por eso, considera necesario un compromiso conjunto entre médicos, universidades, hospitales y pacientes

Los profesionales deben mantenerse actualizados; el sistema sanitario, garantizar el acceso a terapias efectivas; y los ciudadanos, reconocer los factores de riesgo, realizar controles periódicos y consultar ante señales de alarma

Un legado basado en el aprendizaje

Para los jóvenes médicos y estudiantes, el cardiólogo resume su consejo en tres palabras: confianza, esfuerzo y perseverancia. Su propia rutina, asegura, se apoya en la dedicación constante y en el aprendizaje durante toda la vida profesional

Su hijo Héctor recuerda que, durante los 11 años que trabajó y se formó en Estados Unidos, su padre vivía frente al hospital, manejaba o miraba dibujos animados para aliviar el estrés y pasó seis años sin tomarse vacaciones. Para él, estudiar y trabajar eran herramientas esenciales para alcanzar la excelencia

De la Fuente nació en La Rioja. Comenzó Medicina en la Universidad Nacional de Tucumán y se graduó en 1958 en la Universidad de Buenos Aires. En 1960 obtuvo el doctorado en Medicina en Estados Unidos, donde completó 11 años de formación en cardiología antes de regresar a la Argentina

Su nombre fue postulado al Premio Nobel de Medicina a fines de 2021, una propuesta aprobada por el Consejo Superior de la Universidad Nacional de La Rioja. En 2005 también había sido nominado por la Universidad de Stanford

Al hablar de ese reconocimiento, sostiene que, si llegara, sería para la Argentina. Pero aclara que, con Nobel o sin él, su principal legado está en haber contribuido a transformar la cardiología intervencionista desde el país y en mejorar la vida de millones de pacientes