María Antonietta vive en Cerdeña, una isla italiana conocida por su alta concentración de personas longevas. A sus 101 años, asegura que su fórmula no tiene misterio: trabajo, una alimentación sencilla y una vida sin medicamentos
Una rutina sin tratamientos
Frente a cámara, dijo sentirse bien mientras no tenga dolores. También afirmó que no toma medicación y que arranca el día con un café bien cargado, al estilo italiano
En su mesa, cuenta, no hay grandes exigencias. Come lo que haya, sin hacer demasiadas distinciones, salvo por las papas crudas. De vez en cuando, suma una copa de vino tinto y nunca se salta una comida
La memoria de la escasez
Al recordar su juventud, describió años de guerra y carencias. Dijo que entonces no se podía elegir demasiado: había que comer lo que hubiera. Aun así, destacó que en su casa no faltaban el huerto, las judías verdes frescas y las papas
También recordó que no tenían agua corriente y que debían ir al río a buscarla con el cántaro sobre la cabeza. Para ella, esos tiempos eran más duros, pero también más honestos en su sencillez
El trabajo como secreto de longevidad
Cuando le preguntaron por la clave para llegar a los 101 años, no dudó: trabajar mucho. Contó que subía a las montañas de Talana para juntar leña, la cargaba sobre la cabeza y luego volvía a casa para encender el fuego
Además, explicó que cultivaban el huerto y que muchas veces caminaban entre 7 y 8 kilómetros para ir y otros tantos para regresar. Después, seguía la tarea de cavar y cuidar la tierra
Su testimonio resume una idea repetida entre los mayores de la isla: una vida sencilla, el esfuerzo cotidiano y el valor de los vínculos familiares como parte de una vejez larga y acompañada