Mette-Marit llegó a la Corona noruega después de un recorrido poco convencional y expuesto a la mirada pública desde mucho antes de convertirse en princesa heredera. Su historia incluyó vínculos sentimentales marcados por el desorden, un paso por un programa televisivo para encontrar pareja y, más tarde, una relación con el heredero Haakon que obligó a la monarquía a enfrentar críticas por el pasado de la futura reina consorte

Una juventud lejos del molde real

En el Oslo de los años 90, Mette-Marit Tjessem tenía 25 años, trabajaba como camarera y estudiaba Sociología. En ese contexto conoció a John Ognby, empresario y mayor que ella, con quien vivió una etapa de fiestas, música electrónica y consumo de alcohol y drogas que luego quedó asociada a sus años más desordenados

Más tarde inició una relación con Morten Borg, amigo de Ognby y padre biológico de Marius Borg. Borg había pasado por prisión por posesión y venta de cocaína, además de enfrentar episodios de violencia y conducción bajo los efectos del alcohol. El vínculo fue breve y terminó durante el embarazo de Marius, que nació el 13 de enero de 1997

El reality que la mostró antes de la realeza

En 1996, en pleno embarazo, Mette-Marit participó en Lysthuset, un reality destinado a encontrar pareja. El formato la ubicaba entre varios aspirantes a una cita, a quienes debía ir descartando por grupos hasta elegir al final quién avanzaba. El programa quedó después fuera de circulación y durante años se volvió casi imposible de ver

Con el tiempo, ese episodio se convirtió en una de las postales más llamativas de su pasado previo a la vida institucional. También alimentó la imagen de una mujer que, antes de ingresar en la familia real, había transitado una vida muy alejada del protocolo

El romance con Haakon y la presión pública

Dos años después del nacimiento de Marius, Mette-Marit conoció mejor al príncipe Haakon, con quien había coincidido antes gracias a amistades comunes. El encuentro decisivo llegó en 1999, durante el Quartfestivalen, y desde entonces la relación avanzó en secreto durante un tiempo

La reacción pública fue inmediata. El problema ya no era solo su origen social, sino también su biografía sentimental y el hecho de que ya tuviera un hijo. La familia real intentó ordenar el frente mediático reuniendo a editores, pero la estrategia terminó amplificando los rumores y acelerando la atención sobre un posible compromiso

Haakon llegó incluso a plantear que abandonaría su lugar en la línea de sucesión si el Parlamento no aceptaba a su prometida. La boda fue anunciada el 1 de diciembre de 2000 y se celebró el 25 de agosto de 2001 en la catedral de Oslo

Una reina bajo examen constante

Con el tiempo, la pareja tuvo dos hijos más: Ingrid Alexandra, nacida en 2004, y Sverre, nacido dos años después. Pero la aceptación nunca fue unánime. Dentro de la propia familia real surgieron voces muy críticas, como la de la tía de Haakon, Ragnhild, que llegó a expresar públicamente su rechazo a que Mette-Marit se convirtiera en reina

En años recientes, el entorno de la consorte volvió a quedar bajo la lupa por su vínculo con Jeffrey Epstein, a quien dijo haber conocido a través de contactos en común, y por la condena a prisión que recibió su hijo Marius por violación. La casa real sostuvo que, en el período en que ella lo conoció, no era consciente de la magnitud de sus delitos

La figura de Mette-Marit sigue así atravesada por una doble tensión: la de haber llegado al trono desde un pasado que rompía con todos los moldes de la monarquía y la de sostener hoy una imagen pública golpeada por controversias que no dejan de rodearla