Una ola de calor peligrosa eleva este fin de semana las temperaturas en el oeste de Estados Unidos y obliga a las autoridades a pedir que la gente permanezca en interiores, se hidrate y limite la exposición al sol. El episodio térmico, impulsado por una zona de alta presión que atrapa el aire caliente cerca del suelo, se extiende desde Arizona hasta Montana

Las marcas previstas son excepcionales. En Las Vegas se pronosticaron 46 grados Celsius, la temperatura más alta del año, mientras que Phoenix podría llegar a 47 grados. En El Centro, California, se esperaba un récord de 48 grados, y en Great Falls, Montana, el termómetro podría alcanzar los 40 grados, también un máximo histórico para la ciudad

Calor nocturno y riesgo sanitario

En Las Vegas, la máxima del sábado se estimó 10 grados por encima de lo normal y el calor peligroso continuaría al menos hasta el domingo. Las mínimas nocturnas, que quedarían entre los 30 y los 30 y pocos grados, agravan la situación porque impiden que el cuerpo se recupere del estrés térmico

En Montana, todo el lado este del estado quedó bajo advertencia por calor extremo. Great Falls podría superar su récord previo de 38 grados, mientras Helena estaría en condiciones de igualar o rebasar su máxima histórica de 39 grados. Para el domingo, en gran parte del estado se esperan máximas en los 20 grados altos

Más combustible para el fuego

Los meteorólogos advirtieron además que el calor, sumado al secado acumulado por jornadas previas, incrementa el riesgo de incendios en buena parte del oeste. En Montana ya hay focos activos y se esperan vientos fuertes durante el fin de semana, en un contexto de advertencias por bandera roja en la mayor parte del estado

En Nevada, la humedad relativa de la tarde cayó a niveles de un solo dígito en varios sectores, una señal de que el aire se volvió todavía más seco. En el sur de California, salvo la franja costera, el riesgo de incendio se mantiene elevado hasta el domingo

Un patrón cada vez más frecuente

Los especialistas vinculan estas olas de calor más intensas y prolongadas con el cambio climático, que también favorece sequías más severas y incendios más destructivos. A eso se suma la influencia de El Niño, el calentamiento natural del Pacífico ecuatorial que altera los patrones climáticos y eleva las temperaturas a escala global

El fenómeno actual figura entre los más intensos medidos desde que comenzaron los registros en 1950 y ya rompió marcas en su fase inicial, según advertencias recientes de Naciones Unidas