Palito Ortega dejó una anécdota inesperada al repasar sus primeros años de trabajo y formación. En una charla distendida, el músico sorprendió al contar que, además de haber hecho cosechas y lustre de zapatos, también trabajó en un cementerio

Un comienzo marcado por el esfuerzo

Ortega recordó que empezó a trabajar muy chico y que fue probando distintos oficios para salir adelante. Entre ellos, mencionó tareas en la cosecha de mandarinas y otras frutas cítricas. También contó que lustraba zapatos, aunque solía cantarles a sus clientes mientras trabajaba, algo que hacía más llevadero el momento y hasta le daba cierta fama entre quienes lo buscaban

Su paso por el cementerio fue, según relató, uno de los capítulos más llamativos de esa etapa. Allí se ocupaba de limpiar sepulturas y cruces, sacar maleza y acomodar la tierra. Dijo incluso que a veces tenía que frenar porque seguía cantando mientras trabajaba

La música como vocación temprana

El artista sostuvo que cantar fue una inclinación que lo acompañó desde la niñez. Aseguró que la música no apareció después como una casualidad, sino como una parte esencial de su vida desde muy temprano. También explicó que la confianza que construyó con el tiempo nació del trabajo constante y de haber atravesado una infancia humilde

La anécdota dejó en evidencia que su camino hacia la popularidad no fue lineal, sino forjado entre tareas duras, disciplina y una vocación que nunca abandonó. Incluso en los escenarios más improbables, como el cementerio, el impulso artístico seguía presente

La deuda que abrió otra puerta

Ortega también repasó un momento decisivo de su carrera ligado a Frank Sinatra. En 1981, se arriesgó a producir una serie de conciertos del estadounidense en el Luna Park. La operación terminó mal desde lo económico: una devaluación fuerte disparó el dólar y lo dejó con una deuda de más de dos millones

A pesar de eso, pagó todo lo que debía. Antes de viajar a Brasil, Sinatra le dejó una promesa: si alguna vez llegaba a Estados Unidos y necesitaba ayuda, podía llamarlo

Años más tarde, cuando Ortega se instaló en Miami con Evangelina Salazar, lo contactó y recibió respuesta enseguida. En pocos días fue convocado a Nueva York, consiguió respaldo de productores y bancos, y logró instalarse con vivienda, cuentas y crédito

Ese apoyo también le abrió puertas en escenarios como Las Vegas