Guardar patatas y cebollas en la misma cesta o rincón de la despensa es una costumbre muy extendida, pero poco recomendable. Aunque ambos alimentos prefieren estar fuera del frigorífico, no comparten las mismas necesidades de conservación

Las patatas se mantienen mejor en un espacio fresco, oscuro y con cierta humedad. Las cebollas, en cambio, duran más en un lugar seco y bien ventilado. Cuando se almacenan juntas, ninguna encuentra el entorno adecuado y ambas se estropean antes

El papel del etileno

Parte del problema está en el etileno, un gas natural que emiten algunos alimentos durante la maduración. Esa señal química acelera también la descomposición de los productos cercanos. En el caso de las cebollas, además, la humedad y los compuestos volátiles que desprenden favorecen que las patatas broten antes y se ablanden con rapidez

El resultado es una pérdida de calidad que puede adelantarse varias semanas respecto a un almacenamiento por separado

Otros errores frecuentes en la cocina

La misma lógica se aplica a otros alimentos habituales. Los plátanos muy maduros no deberían colocarse junto a frutas más verdes, porque aceleran su maduración. Los tomates conservan mejor su textura y sabor a temperatura ambiente, aunque el frío retrasa su deterioro

El ajo entero debe quedarse en un sitio fresco y ventilado. En cambio, el ajo pelado o cortado sí debe ir al frigorífico. Las hierbas aromáticas duran más si se tratan como flores, con el tallo en agua, o envueltas en un paño húmedo dentro de la nevera

Guardar seco y lavar después

Otro gesto que aumenta el desperdicio es lavar o cortar frutas y verduras antes de guardarlas. Lo recomendable es esperar al momento de consumo y conservar los alimentos lo más secos posible

La confusión con las fechas de caducidad también alimenta el desperdicio. La FDA calcula que esa interpretación errónea explica alrededor del 20% del desperdicio alimentario entre consumidores, al confundir muchas veces la fecha de consumo preferente con un límite de seguridad absoluta

Un vegetal algo blando o marchito no siempre está en mal estado. Las señales claras para desechar un alimento son otras: moho visible, textura viscosa, líquido que se filtra o un olor fuerte y desagradable

El desperdicio doméstico concentra la mayor parte de la pérdida de alimentos en la cadena de suministro. Cuando acaba en vertederos, la comida se descompone sin oxígeno y genera metano, un gas de efecto invernadero especialmente dañino para el clima