Los gatos tienen 18 dedos en total y esa distribución no es casual. Cada pata está adaptada a una función distinta, pensada para la supervivencia, la caza y el desplazamiento

El dedo extra de adelante sí tiene utilidad

En las patas delanteras, el felino cuenta con cinco dedos. El quinto, llamado espolón, queda más arriba que los demás y no toca el suelo cuando camina

Sin embargo, ese dedo resulta clave en momentos de esfuerzo: ayuda a agarrarse al subir un árbol y también a sostener una presa durante la caza

La veterinaria Sandra C. Mitchell explicó que se trata de una estructura que el animal notaría si no la tuviera, justamente por el papel que cumple en tareas de mayor exigencia física

Las patas traseras están hechas para impulsar

En cambio, las patas posteriores tienen cuatro dedos cada una. Esa diferencia responde a la función principal de esa zona: generar potencia para saltar, acelerar y correr

La fuerza de la parte trasera, sumada al control del sistema nervioso y la musculatura, permite al gato moverse con gran precisión después del impulso inicial

En ese esquema, las patas delanteras se ocupan más del agarre, la manipulación y la captura, mientras que las traseras actúan como motor

Una adaptación eficiente

La ausencia de un quinto dedo en las patas traseras no es una carencia, sino una optimización: la energía se concentra en el empuje y no en funciones de sujeción

También existen casos de polidactilia, una alteración genética que provoca dedos extra. Aunque cambia el número habitual, rara vez afecta la salud del animal

Además de sus patas, los gatos usan los bigotes como una herramienta táctil muy valiosa, capaz de complementar su visión y su orientación en espacios reducidos

Por eso, entender su anatomía ayuda a cuidar mejor a estos animales, incluido el control regular de los espolones para evitar que crezcan demasiado y dificulten la marcha o el agarre